Técnicamente hoy es el último día del grupo, y nos correspondería otra excursión de medio día para ver Kawagoe. Pero precisamente por ser el último día, la gente prefiere dedicarlo a algo más capitalista como no pueda ser otra cosa que el ultimar las compras y regalos hasta fundirse la pasta que les queda cambiada en yenes. Mañana tienen el desayuno asegurado y el autobús hasta el aeropuerto, así que con llegar a la cena…
Previsor que es uno, ayer les pagué la comida (íbamos los mismos a ambas excursiones) a cargo del tren que no tomaremos hoy. Mi compañía sin embargo se la brindo igualmente y comenzamos el recorrido macroeconómico por Asakusa.
Como la vimos antes de ir a Kyoto y allí probablemente podrían comprar muchas de las cosas que aquí había pero con más variedad (tanto en artículos como en precios), les recomendé no comprar, y tomar nota metal de lo que les había gustado, así como el precio que pedían aquí para la vuelta. Este es el momento. Pese a las compras de Kyoto aún han quedado más compras pendientes… Al menos esta vez vamos a tiro fijo y pese al inevitable repaso de las tiendas, las compras van agiles y en poco más de una hora nos dirigimos hacia la segunda parada del trayecto.
Mi idea inicial era ir desde aquí hasta Omotesando (por Takeshitadori ya pasamos, pero no por aquí, ya que la gente estaba cansada y nos retiramos a media excursión), pero Natalia ya estuvo ayer, por lo que optamos por asaltar la juguetería de Ueno como paso previo a dejar la primera ronda de compras en el hotel. Así de paso cumplo las horas de compañía establecidas con todos.
No sé si contar como “compra” una pegatina para decorar la parte trasera del móvil japonés, y de paso evitar que se caiga de alguna repisa si lo dejase apoyado. Este año estoy poco gastón en esta tienda, si bien no negaré que cosas interesantes haberlas haylas. Quizás para después de tener piso propio y por tanto sitio donde ponerlas. Pienso volver.
El resto del grupo no se anda con tantos miramientos. Dudas sí, pero pocas. Quizás las preguntas que más se repiten es “¿donde lo pondría?”, más que “¿realmente quiero comprarlo?”.
Dado que nos vamos a separar, en vez de subir, bajar, y volver a subir la cuesta hasta el Edoya quienes se quedarán, decidimos comer todos juntos antes. Será nuestra última comida del tour, y ya sólo quedan 6 conmigo. Algunos ya han vuelto a España y otros van por su cuenta. Ya hay quien compara este detrimento con la casa del Gran Hermano.
Ahora sí, descargados, y tras un breve descanso en el hotel vamos a Omotesando. Nuestros objetivos: una tienda de ropa deportiva, el Kitty Land y el Bazar Oriental. Básicamente un paseo entre dos estaciones de la misma línea y vuelta. Pero el paseo sigue siendo eminentemente capitalista. No sé quien dice que hay crisis en España, porque entre lo que gastan estos, y el montón de compatriotas que nos hemos ido encontrando a lo largo de estos días, debe ser un bulo de la ostia.
Ya de vuelta, pese a las compras el hotel debe esperar… si bien no compraremos nada inicialmente, nos metemos de lleno en Akihabara para jugar unas partiditas en la Taito Station. Como decía, nada de compras al menos inicialmente, pero claro, llegar desde la estación de metro hasta la citada megasala de recreativos no está exento de peligros para las carteras, y como siempre… algo cae. Pero lo importante son las partiditas que jugamos. Algunos árcades de nuestra tierna juventud siguen aquí, otras máquinas son mucho más modernas y en alta definición. En resumen, no sé cuando entramos, pero sí que salimos tarde.
Para cenar el grupo vuelve a dividirse, y en mi caso repito por enésima vez el restaurante de sushi. Menudo descubrimiento eso de que esté a tiro de piedra del hotel…
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
15/08/2010 – Hachiman Matsuri
Domingo por la mañana, hoy toca un festival que pocos extranjeros conocen en la zona este de Tokio. Yo estuve el año pasado, y me sorprendió, así que lo he incluido como actividad de medio día para los que aún quedan del grupo. Les quedan dos días y bastantes prefieren ir por su cuenta, así que conmigo seremos sólo siete.
Algo que ya me pasara el año pasado se repite este… me pierdo. Bueno, no es que me desorientase, sino que no acierto con la estación que es, y termino por preguntar. Esto también supone un problema porque es un festival escasamente conocido y algunos interventores del metro no saben indicarlo. Manda huevos.
Con un poco de insistencia (a cabezota no hay quien me gane) llegamos a la segunda. Al final no ha sido para tanto. No es que hubiésemos madrugado, pero llegamos pronto (realmente no se sale de la ciudad, así que un domingo con poca gente en el metro moverse es fácil y rápido) y aún pescamos a los niños en su particular remojo. La verdad es que me encanta ver como los cubren de agua a pequeños y mayores, pero sobre todo me gusta que los templos pequeños que siempre vemos tras un cristal en los templos hoy están en acción sufriendo también los baldes de agua que los rivales les echan.
Para comer, entre la ronda de pequeños, y algunos mayores (verles a todos nos llevaría demasiado tiempo) nos metemos al azar en un Okonomiyaki que resulta hacer la mezcla incluyendo Yakisoba, y que da la opción de ponerle “toppings” de lo que se quiera (menos mal que había un cliente animado que sabía un poco de inglés que nos explicó el método que usaban en el sitio, porque me habría llevado años acertarlo).
La tarde cada cual la pasa como quiere, pero lo que es yo me la tomo de relax en mi flamante habitación. Parece que el gerente del Edoya se ha apiadado de mí y me da una para estas tres noches, y no pretende moverme… Me ha tocado la 207.
Por si las dudas, la 307 sigue teniendo inquilinos pese a los días que han pasado.
Algo que ya me pasara el año pasado se repite este… me pierdo. Bueno, no es que me desorientase, sino que no acierto con la estación que es, y termino por preguntar. Esto también supone un problema porque es un festival escasamente conocido y algunos interventores del metro no saben indicarlo. Manda huevos.
Con un poco de insistencia (a cabezota no hay quien me gane) llegamos a la segunda. Al final no ha sido para tanto. No es que hubiésemos madrugado, pero llegamos pronto (realmente no se sale de la ciudad, así que un domingo con poca gente en el metro moverse es fácil y rápido) y aún pescamos a los niños en su particular remojo. La verdad es que me encanta ver como los cubren de agua a pequeños y mayores, pero sobre todo me gusta que los templos pequeños que siempre vemos tras un cristal en los templos hoy están en acción sufriendo también los baldes de agua que los rivales les echan.
Para comer, entre la ronda de pequeños, y algunos mayores (verles a todos nos llevaría demasiado tiempo) nos metemos al azar en un Okonomiyaki que resulta hacer la mezcla incluyendo Yakisoba, y que da la opción de ponerle “toppings” de lo que se quiera (menos mal que había un cliente animado que sabía un poco de inglés que nos explicó el método que usaban en el sitio, porque me habría llevado años acertarlo).
La tarde cada cual la pasa como quiere, pero lo que es yo me la tomo de relax en mi flamante habitación. Parece que el gerente del Edoya se ha apiadado de mí y me da una para estas tres noches, y no pretende moverme… Me ha tocado la 207.
Por si las dudas, la 307 sigue teniendo inquilinos pese a los días que han pasado.
domingo, 15 de agosto de 2010
07/08/2010 – ¿Día libre?
Eso de “libre” hay que explicarlo. Esto significa que el grupo no tiene programada ninguna excursión oficial, pero que yo, en el hipotético caso de que una sucesión determinada X de estrellas y planetas se alineasen en el momento exacto en el que un fenómeno adicional Y sucediese, a lo mejor, tendría el día también libre de tareas… O sea, a pringar un poco más, que para eso me han pagado el viaje.
Hoy toca enviar las maletas de Tokio a Kyoto. Fuera de lo habitual, la gente cumple rigurosamente (incluso se adelantan) con el horario establecido, y todo se desarrolla como debe. Mini punto para ellos.
Segundo, vamos a la estación por tercera vez para cambiar los JRP de las cinco últimas personas en llegar, y sacarles billetes. De paso, sacar alguno más para quienes volverán por libre de Nagoya a Tokio el día 14 (su último día de bono).
Para comer, vuelvo a Shinjuku, a uno de los locales de Okonomiyaki que descubrí el año pasado con Gorka y Aidin. Por supuesto, no voy sólo. Son varios los que se apuntan y primero nos damos un paseo por Kabukicho para que sitúen el lugar y calculen sus posibilidades nocturnas, ahora que esta “tranquilo”. También jugamos un rato en la Taito Station frente al restaurante antes de comer, pero finalmente, se impone un regreso al hotel para dormitar la siesta un rato. Yo estoy realmente agotado, pero antes de nada me debo a la obligación una vez más y le dedico un rato largo a responder emails en el hall del Edoya.
Cuando creo tenerlo todo atado, subo a por esa siesta. Hoy, el Edoya me ha vuelto a sorprender. Esta vez, en vez de cambiarme de habitación me han dejado en la calle. Esto es, de repente, no tengo hueco porque el hotel está completo. No se de que valen entonces las reservas en este sitio… He apañado una alternativa a buscarme otro hotel (lo que habría sido realmente el colmo) realojándome con Pedro y Antonio (402), dos de los viajeros del grupo. Desde mi punto de vista es el colmo de un hotel o de un tour, pero ya aquí no puedo sorprenderme más.
Bueno, yo pensaba que no podría sorprenderme más, pero mi siesta de repente se trunca con una llamada de Sergio. La pareja de recién casados que ha estado con el grupo varios días, ahora está en Miyajima alojada, en sus dos noches de luna de miel no compartidas. Dos días que pretenden ser románticos en una islita tranquila se han convertido en un infierno. Resulta que el sitio (caro) en el que están está sucio, lleno de moho, con bichos, sin baño privado… Toda una joya. Así que me paso el siguiente rato llamando y organizando “algo”. Como me jodió esa llamada. De qué mala ostia me puse. Además de por ellos, de su susto, porque a mi es un lugar que me encanta y que claro, ahora no recordaran con el agrado que debían.
Unas llamadas más tarde tengo la solución. Como cancelaron Kyoto y no lo han visto. Como estaban muy contentos con el grupo, y nosotros iremos. Les propongo reunirse con nosotros y pasar la noche todos. Akira me confirma que se puede hacer el cambio (he usado a Megumi para explicarle todo correctamente y evitar enfados si hubiera algún mal entendido, el pobre no tiene la culpa de nada, pero me hacía falta, e incluso hablo con Jose, el marido de la guía, para que todo quede cristalino). A ellos les devolverán el dinero de la segunda noche con la que pagar esta nueva reserva y bueno, todos contentos no, pero por lo menos, menos traumatizados. Eso si, tendrán que quedarse una noche allí…
Sin siesta digna, nos reunimos unos cuantos para ir a cenar. El día ha sido de todo menos “normal” y yo necesito dormir, pero aún no toca. Eso sí, para compensar, me meto 20 piezas de sushi entre pecho y espalda. De nuevo en el hotel, un pelín de palique y caigo en los brazos de Morpheo en seguida. Mañana será otro día duro también, con muchos kilómetros de tren :-S
Hoy toca enviar las maletas de Tokio a Kyoto. Fuera de lo habitual, la gente cumple rigurosamente (incluso se adelantan) con el horario establecido, y todo se desarrolla como debe. Mini punto para ellos.
Segundo, vamos a la estación por tercera vez para cambiar los JRP de las cinco últimas personas en llegar, y sacarles billetes. De paso, sacar alguno más para quienes volverán por libre de Nagoya a Tokio el día 14 (su último día de bono).
Para comer, vuelvo a Shinjuku, a uno de los locales de Okonomiyaki que descubrí el año pasado con Gorka y Aidin. Por supuesto, no voy sólo. Son varios los que se apuntan y primero nos damos un paseo por Kabukicho para que sitúen el lugar y calculen sus posibilidades nocturnas, ahora que esta “tranquilo”. También jugamos un rato en la Taito Station frente al restaurante antes de comer, pero finalmente, se impone un regreso al hotel para dormitar la siesta un rato. Yo estoy realmente agotado, pero antes de nada me debo a la obligación una vez más y le dedico un rato largo a responder emails en el hall del Edoya.
Cuando creo tenerlo todo atado, subo a por esa siesta. Hoy, el Edoya me ha vuelto a sorprender. Esta vez, en vez de cambiarme de habitación me han dejado en la calle. Esto es, de repente, no tengo hueco porque el hotel está completo. No se de que valen entonces las reservas en este sitio… He apañado una alternativa a buscarme otro hotel (lo que habría sido realmente el colmo) realojándome con Pedro y Antonio (402), dos de los viajeros del grupo. Desde mi punto de vista es el colmo de un hotel o de un tour, pero ya aquí no puedo sorprenderme más.
Bueno, yo pensaba que no podría sorprenderme más, pero mi siesta de repente se trunca con una llamada de Sergio. La pareja de recién casados que ha estado con el grupo varios días, ahora está en Miyajima alojada, en sus dos noches de luna de miel no compartidas. Dos días que pretenden ser románticos en una islita tranquila se han convertido en un infierno. Resulta que el sitio (caro) en el que están está sucio, lleno de moho, con bichos, sin baño privado… Toda una joya. Así que me paso el siguiente rato llamando y organizando “algo”. Como me jodió esa llamada. De qué mala ostia me puse. Además de por ellos, de su susto, porque a mi es un lugar que me encanta y que claro, ahora no recordaran con el agrado que debían.
Unas llamadas más tarde tengo la solución. Como cancelaron Kyoto y no lo han visto. Como estaban muy contentos con el grupo, y nosotros iremos. Les propongo reunirse con nosotros y pasar la noche todos. Akira me confirma que se puede hacer el cambio (he usado a Megumi para explicarle todo correctamente y evitar enfados si hubiera algún mal entendido, el pobre no tiene la culpa de nada, pero me hacía falta, e incluso hablo con Jose, el marido de la guía, para que todo quede cristalino). A ellos les devolverán el dinero de la segunda noche con la que pagar esta nueva reserva y bueno, todos contentos no, pero por lo menos, menos traumatizados. Eso si, tendrán que quedarse una noche allí…
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Sin siesta digna, nos reunimos unos cuantos para ir a cenar. El día ha sido de todo menos “normal” y yo necesito dormir, pero aún no toca. Eso sí, para compensar, me meto 20 piezas de sushi entre pecho y espalda. De nuevo en el hotel, un pelín de palique y caigo en los brazos de Morpheo en seguida. Mañana será otro día duro también, con muchos kilómetros de tren :-S
lunes, 9 de agosto de 2010
03/08/2010 – Este hotel es una ruina
Mi pelea diaria con la recepción del hotel tiene mucha miga. Hoy repasamos por enésima vez la lista para confirmar quienes llegan, y por tanto, a quienes tienen que esperar a eso de media mañana y que habitaciones deben darles. Durante nuestra reunión matinal, me avisan de que tendré que cambiar de habitación, pero no saben decirme cual, así que dejo la maleta cerrada para que ellos la trasladen mientras estamos en la excursión que toca… Tokio Este sin autobús.
Para mi es la primera vez. Siempre hemos ido en autobús de un lado para el otro, pero aprovechando el cambio, yo también he metido mano a la ruta y he cambiado la sartén que supone ver la puerta del palacio imperial, por el aire acondicionado del museo Edo, mucho más satisfactorio en todos los aspectos.
Así que empezamos llegando antes que ningún otro grupo de turistas a la torre de Tokio, lo que nos permite ver el observatorio superior con relativa prontitud y calma. La ruta sigue por las tiendas inferiores, y me doy cuenta de que he calculado mal la hora de reunión cuando termino mi paseo y empiezo a encontrarme con los primeros. Para otro año, esa media hora, tengo que quitarla y adelantar así la hora de comer.
Como decía, la segunda parada es el museo Edo Tokio. La misma línea de metro que nos llevará hasta Asakusa después. En general, mi percepción es que la gente ha salido muy contenta con lo allí expuesto, pero con hambre, lo cual lamento.
Una vez en el lugar de la tercera visita, doy indicaciones varias y dejo que cada cual coma, visite y vuelva al hotel según sus preferencias. Saben donde esta todo, tienen el pase de día para el metro, y cada cual tiene sus propios gustos, así que es difícilmente asumible pretender mantenerlos juntos.
Como son varios los que han llegado desde que cambiásemos los JRP, quedo con ellos en el hotel a media tarde, y planteo al resto la posibilidad de visitar el ambiente de Shibuya o Shinjuku, aprovechando el metro.
Después de comer y visitar el templo con un minigrupo, volvemos al hotel como había quedado y mientras ellos descansan y se duchan yo dedico el rato a ese cambio de pases de tren (y encima luego no me aguantan el ritmo, hay que ver).
De vuelta, terminamos comiendo sushi preparado en vivo y en directo en un garito de Shibuya al que me costó convencerles para entrar, pero al que quieren volver desde que salieron… jejejeje.
El día no se ha terminado, mi habitación para esta noche será la de los bichos (307). Yolanda, hace una revisión de la misma, y aunque confirma que no hay “intrusos”, también admite que no se quedaría en ella. Por mi parte, dedico un rato a responder emails, porque desde ahí se pilla la wifi del hall, aunque admito haberme quedado con la mosca por este asunto.
Cual CSI, saco de mi bandolera la linterna que llevo y reviso todo hasta encontrar un ejemplar de los especímenes que atacaron anteanoche a tan simpática pareja (pobrecillos). Claro, improvisando una cárcel de papel de un primer bicho, dedico un rato más a buscar a sus “amigos” pero no tengo suerte, así que apago el ordenador y me propongo dormir. Y esto si que es un problema, tras oir la plaga a la que se debieron enfrentar hace dos noches, y confirmada la presencia de tales bichos, así que incomodo vuelvo a la caza otro rato. Al final, o encuentro muchos o me duermo, pero algo tengo que hacer… Pasado un rato, a casi las 2 am, mi Guantanamo de insectos tiene 5 prisioneros y un cadáver (es lo que pasa cuando los aprietas mucho, así que me bajo a recepción y se los pongo sobre el mostrador advirtiéndole el número de habitación en el que estaba. No os podéis imaginar la cara de sorpresa mezclada con asco que se reflejó en la expresión del japonés. Sin duda el mismo que tuvo que pedir disculpas hacía sólo dos noches. Mi habitación final, la 208.
Para mi es la primera vez. Siempre hemos ido en autobús de un lado para el otro, pero aprovechando el cambio, yo también he metido mano a la ruta y he cambiado la sartén que supone ver la puerta del palacio imperial, por el aire acondicionado del museo Edo, mucho más satisfactorio en todos los aspectos.
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Así que empezamos llegando antes que ningún otro grupo de turistas a la torre de Tokio, lo que nos permite ver el observatorio superior con relativa prontitud y calma. La ruta sigue por las tiendas inferiores, y me doy cuenta de que he calculado mal la hora de reunión cuando termino mi paseo y empiezo a encontrarme con los primeros. Para otro año, esa media hora, tengo que quitarla y adelantar así la hora de comer.
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Como decía, la segunda parada es el museo Edo Tokio. La misma línea de metro que nos llevará hasta Asakusa después. En general, mi percepción es que la gente ha salido muy contenta con lo allí expuesto, pero con hambre, lo cual lamento.
Una vez en el lugar de la tercera visita, doy indicaciones varias y dejo que cada cual coma, visite y vuelva al hotel según sus preferencias. Saben donde esta todo, tienen el pase de día para el metro, y cada cual tiene sus propios gustos, así que es difícilmente asumible pretender mantenerlos juntos.
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Como son varios los que han llegado desde que cambiásemos los JRP, quedo con ellos en el hotel a media tarde, y planteo al resto la posibilidad de visitar el ambiente de Shibuya o Shinjuku, aprovechando el metro.
Después de comer y visitar el templo con un minigrupo, volvemos al hotel como había quedado y mientras ellos descansan y se duchan yo dedico el rato a ese cambio de pases de tren (y encima luego no me aguantan el ritmo, hay que ver).
De vuelta, terminamos comiendo sushi preparado en vivo y en directo en un garito de Shibuya al que me costó convencerles para entrar, pero al que quieren volver desde que salieron… jejejeje.
El día no se ha terminado, mi habitación para esta noche será la de los bichos (307). Yolanda, hace una revisión de la misma, y aunque confirma que no hay “intrusos”, también admite que no se quedaría en ella. Por mi parte, dedico un rato a responder emails, porque desde ahí se pilla la wifi del hall, aunque admito haberme quedado con la mosca por este asunto.
Cual CSI, saco de mi bandolera la linterna que llevo y reviso todo hasta encontrar un ejemplar de los especímenes que atacaron anteanoche a tan simpática pareja (pobrecillos). Claro, improvisando una cárcel de papel de un primer bicho, dedico un rato más a buscar a sus “amigos” pero no tengo suerte, así que apago el ordenador y me propongo dormir. Y esto si que es un problema, tras oir la plaga a la que se debieron enfrentar hace dos noches, y confirmada la presencia de tales bichos, así que incomodo vuelvo a la caza otro rato. Al final, o encuentro muchos o me duermo, pero algo tengo que hacer… Pasado un rato, a casi las 2 am, mi Guantanamo de insectos tiene 5 prisioneros y un cadáver (es lo que pasa cuando los aprietas mucho, así que me bajo a recepción y se los pongo sobre el mostrador advirtiéndole el número de habitación en el que estaba. No os podéis imaginar la cara de sorpresa mezclada con asco que se reflejó en la expresión del japonés. Sin duda el mismo que tuvo que pedir disculpas hacía sólo dos noches. Mi habitación final, la 208.
sábado, 7 de agosto de 2010
02/08/2010 – Intercambio cultural
Hoy tenemos autobús, almuerzo organizado, y de las entradas se preocupa Akira… casi que se podría decir que sobro, pero no me libro. Madrugando un poquito nos vamos a ver la estatua de bronce más grande del mundo (según el Guiness de los Records). El Buda de Ushuku tiene la particularidad de estar de pie sobre una peana en un entorno más bien llano y sin grandes edificios. Así que sus 120 metros de altura destacan, y precisan incluso luces de galibo. ¿La visión de un loco?
Pese a que el chofer no ha estado nunca aquí, y que no trae GPS, tras dar unas vueltas perdidos entre las arboledas, llegamos a tiempo de ver un espectáculo para niños con unos monos amaestrados del mini-zoo que hay junto al buda. Quizás sea una chiquillada, pero al final todos nos hemos reído un rato.
Por fin dentro del buda (por decirlo de alguna manera, en vez de estar la estatua dentro de un edificio, es el templo el que está dentro de la estatua), la entrada resulta tan espectacular como yo la recordaba del año pasado. Quizás ese impacto primero pone demasiado alto el listón de las expectativas para el resto de la visita en el grupo.
Tras comer (nosotros de rodillas y Akira con el chofer en una mesa occidental, viva el intercambio cultural), volvemos a Tokio para ir directos al Oedo Onsen Monogatari. Sin duda, nada que ver con el ofuro del hotel. Explicaciones varias, y dispersión general. Por mi parte (varios me acompañan) un masaje previo, como es ya tradición… ¡Hasta me han llegado a decir que se me ve con otra cara! Realmente lo necesitaba.
Dani vuelve a aparecer, esta vez acompañado de su novia coreana, y el intercambio cultural del día se extiende otro poco para el grupo.
Finalmente el día termina en los centros comerciales y de ocio de Odaiba, viendo la bahía y el puente Rainbow. Antes de volvernos al hotel cenamos por allí desperdigados cada cual un poco a su bola. Parece que los minigrupos se están asentando.
| De japon2010 |
Pese a que el chofer no ha estado nunca aquí, y que no trae GPS, tras dar unas vueltas perdidos entre las arboledas, llegamos a tiempo de ver un espectáculo para niños con unos monos amaestrados del mini-zoo que hay junto al buda. Quizás sea una chiquillada, pero al final todos nos hemos reído un rato.
Por fin dentro del buda (por decirlo de alguna manera, en vez de estar la estatua dentro de un edificio, es el templo el que está dentro de la estatua), la entrada resulta tan espectacular como yo la recordaba del año pasado. Quizás ese impacto primero pone demasiado alto el listón de las expectativas para el resto de la visita en el grupo.
Tras comer (nosotros de rodillas y Akira con el chofer en una mesa occidental, viva el intercambio cultural), volvemos a Tokio para ir directos al Oedo Onsen Monogatari. Sin duda, nada que ver con el ofuro del hotel. Explicaciones varias, y dispersión general. Por mi parte (varios me acompañan) un masaje previo, como es ya tradición… ¡Hasta me han llegado a decir que se me ve con otra cara! Realmente lo necesitaba.
Dani vuelve a aparecer, esta vez acompañado de su novia coreana, y el intercambio cultural del día se extiende otro poco para el grupo.
Finalmente el día termina en los centros comerciales y de ocio de Odaiba, viendo la bahía y el puente Rainbow. Antes de volvernos al hotel cenamos por allí desperdigados cada cual un poco a su bola. Parece que los minigrupos se están asentando.
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01/08/2010 – Redescubriendo el oeste de Tokio
Domingo, día de madrugar y ver Shinjuku-Shibuya. Para muchos, un día muy esperado. Para otros, un día de grandes contrastes. Sobre el papel, la ruta de todos los años. En la práctica, una visita totalmente diferente. Y para empezar, una mañana de sorpresas… durante la noche, en la habitación de Javi y Yolanda (la 307 que sin yo saberlo se habían cruzado el primer día con Francesc y Juana) han aparecido un montón de bichos. En fin, rodeados y acosados, se han despertado comprensiblemente sobresaltados en mitad de la noche y les han pasado a otra habitación mientras se disculpaba el único que queda en el hotel durante ese turno… buff, menuda papeleta. Ahora tienen una habitación más grande, pero ya veremos qué pasa a la vuelta de unos días cuando la fumiguen, porque claro, no es la contratada.
Empezamos entonces la ruta, poco puedo hacer yo con este primer problema que no hayan hecho ya ellos… Primera parada, como siempre, los dos observatorios de ambas torres del ayuntamiento. Esta vez, para innovar, vamos en metro hasta Shinjuku, y descubrimos un pasadizo subterráneo y con aire acondicionado que hace las delicias de la gente… ¿Por qué no interconectarán toda la ciudad así? Para el verano sería fantástico.
Centro de turismo, revisión de bolsos, vista de águila de la ciudad (no, hoy tampoco vemos el Fuji, pero casi… se puede intuir en la distancia, a diferencia de otros años está bastante despejado), un traguito de agua y vuelta a la calle. Pero esta vez a las bravas. Va subiendo la temperatura y ahora ya no hay quien se escape.
Para no variar entramos al templo Senshoji desde el norte, a donde hemos llegado en una corta pero acalorada caminata. Hoy estamos de suerte, vemos un grupo de personas presentando sus respetos, en lo que parece una ceremonia de alguna celebración. Después una pareja de novios nos rodea con su sequito de boda… Algunos incluso se animan a dejar una tablilla escrita con sus deseos. En fin, ¿qué más se puede pedir de la visita a un templo?
La ruta dice que la tercera parte es ver el parque Yoyogi, a los rockabillys, lolitas y demás, mientras comemos en los puestitos, pero los grupos son diferentes cada vez y nos vamos a un restaurante de verdad en pleno Takeshitadori, adelantando la cuarta parte de la visita del día. Con la tontería, hacemos el recorrido completo por la famosa calle de tiendas de moda y tras la comida (con descanso y aire acondicionado) vamos por fin al parque.
Que quede claro, desde que el año pasado se pusiesen duros con la norma de ruido en la calle, ya no hay grupos de música como en 2006 (siempre hay alguien en solitario dando la nota, eso sí). Además, los góticos y las lolitas parecen haber encontrado otro sitio u otro momento para reunirse, porque apenas vimos un par por la zona. Pero el rock japonés nunca muere…
Además, un paseo por el interior del parque nunca defrauda. Sin duda un ejemplo de expresión personal, con la total aceptación del resto, y una completa falta de vergüenza de la que deberíamos aprender los europeos. Chicas ensayando desfiles, coreografías de animadoras, grupos practicando con los tambores, gente corriendo, reunión interracial de padres con sus bebes gateando por el césped… y un largo etcétera.
Destrozados por un largo día (no me aguantan nada), el grupo decide dejar Shibuya para otro día, por lo que nos volvemos al hotel, visitamos el ofuro del Edoya, y salimos a cenar por las proximidades ya más tranquilos y frescos.
Empezamos entonces la ruta, poco puedo hacer yo con este primer problema que no hayan hecho ya ellos… Primera parada, como siempre, los dos observatorios de ambas torres del ayuntamiento. Esta vez, para innovar, vamos en metro hasta Shinjuku, y descubrimos un pasadizo subterráneo y con aire acondicionado que hace las delicias de la gente… ¿Por qué no interconectarán toda la ciudad así? Para el verano sería fantástico.
Centro de turismo, revisión de bolsos, vista de águila de la ciudad (no, hoy tampoco vemos el Fuji, pero casi… se puede intuir en la distancia, a diferencia de otros años está bastante despejado), un traguito de agua y vuelta a la calle. Pero esta vez a las bravas. Va subiendo la temperatura y ahora ya no hay quien se escape.
| De japon2010 |
Para no variar entramos al templo Senshoji desde el norte, a donde hemos llegado en una corta pero acalorada caminata. Hoy estamos de suerte, vemos un grupo de personas presentando sus respetos, en lo que parece una ceremonia de alguna celebración. Después una pareja de novios nos rodea con su sequito de boda… Algunos incluso se animan a dejar una tablilla escrita con sus deseos. En fin, ¿qué más se puede pedir de la visita a un templo?
La ruta dice que la tercera parte es ver el parque Yoyogi, a los rockabillys, lolitas y demás, mientras comemos en los puestitos, pero los grupos son diferentes cada vez y nos vamos a un restaurante de verdad en pleno Takeshitadori, adelantando la cuarta parte de la visita del día. Con la tontería, hacemos el recorrido completo por la famosa calle de tiendas de moda y tras la comida (con descanso y aire acondicionado) vamos por fin al parque.
Que quede claro, desde que el año pasado se pusiesen duros con la norma de ruido en la calle, ya no hay grupos de música como en 2006 (siempre hay alguien en solitario dando la nota, eso sí). Además, los góticos y las lolitas parecen haber encontrado otro sitio u otro momento para reunirse, porque apenas vimos un par por la zona. Pero el rock japonés nunca muere…
Además, un paseo por el interior del parque nunca defrauda. Sin duda un ejemplo de expresión personal, con la total aceptación del resto, y una completa falta de vergüenza de la que deberíamos aprender los europeos. Chicas ensayando desfiles, coreografías de animadoras, grupos practicando con los tambores, gente corriendo, reunión interracial de padres con sus bebes gateando por el césped… y un largo etcétera.
| De japon2010 |
Destrozados por un largo día (no me aguantan nada), el grupo decide dejar Shibuya para otro día, por lo que nos volvemos al hotel, visitamos el ofuro del Edoya, y salimos a cenar por las proximidades ya más tranquilos y frescos.
31/07/2010 – Japan Rail Pass
Fresco como una lechuga, salgo del hotel que me ha dado cobijo estas dos primeras noches. El hotel Okachimachi es perfecto en mi opinión para quienes viajen solos, o en grupitos individuales. El personal procura hablar ingles, las habitaciones tienen WiFi y cable de red, baño, tele… vamos lo normal. Si bien el aseo es “compacto” y no tiene nevera (algo que puede llegar a ser muy importante en esta época del año). En fin, que con energías renovadas me enfrento a la mortal cuesta del Edoya cargando mis maletas.
En realidad ya les había advertido anoche de mi llegada, así que saludo, hago el check-in (habitación 507), dejo los bultos en la sala cerrada que tienen detrás y sudando como si hubiese estado en galeras vuelvo a ponerme en marcha para ir de nuevo al aeropuerto… Y aún no son las 6:30 de la mañana. Si ya digo yo que los horarios de aquí no son normales. Incluso Akira me ha llamado ya hace un rato.
Tras desayunar algo en la estación del Keisei (no quedaban billetes para el tren que yo pretendía coger), llego al aeropuerto donde la espera es eterna… Salir sale mucha gente, porque han llegado tres vuelos a la vez y claro, gente hay para salir, pero justo los seis que yo espero son los últimos de todos. Akira me llama preocupado porque el taxista se está molestando de esperar, y me toca replicarle que “no han salido aún”. Poco más puedo hacer que esperar, y el taxista también, por la cuenta que le trae.
Al parecer, además de estar en la cola del Airbus que les ha traído, los japoneses no habían previsto suficientemente la llegada de tanta gente al unisono, y en inmigración estuvieron atascados un rato muy largo.
Por fin en el hotel, habiéndonos comido el margen de tiempo que me había dejado “por si acaso” (menos mal), reúno al grupo para ir a cambiar los pases de turista de JR que tenemos. Además queremos aprovechar a sacar los billetes, ya que siendo fiestas estará todo a tope y cuanto antes mejor. En el hotel me avisan de que el aire acondicionado de mi habitación no funciona, pero que lo arreglarán a lo largo del día… que no me preocupe (entonces, ¿para que me lo dicen?).
Aunque no venga en los papeles, el cambio puede hacer sin problemas en la estación de Ueno. Como somos 15, nos toman todos los datos, y comprueban que somos nosotros (contrastando los pasaportes), para finalmente tomar mi número de móvil y decirnos que “nos demos un paseo” mientras los hacen. Menos mal que tengo el teléfono japonés, pero estoy asustando porque tendré que mantener alguna conversación sin preparar con él. Bufff.
Como estamos en Ueno, invito al grupo a dar un paseo por el parque de Ueno, adelantando el plan que vendría después. Total, lo mismo da que da lo mismo. Un paseo por el lago, algunas indicaciones, muchas fotos, y llega al momento… suena el móvil.
Debo admitir que no entendí todo lo que me contaban, pero no me quedó ninguna duda de que había algún problema con las fechas de una pareja, y que ya tenían el resto, así que convine que en iríamos para allá, lo cual resulta siempre mucho más fácil, porque ellos son varios, nosotros también, y siempre podemos agregar la mímica al asunto.
En fin, que sólo querían asegurarse de que las fechas de inicio estuvieran correctas, así que nos hacen el papeleo y se ofrecen a sacarnos los billetes… craso error… Saco mi lista de horarios y códigos de tren, para sorpresa de la muchacha que nos atendía y empieza el festival: de Tokio a Kyoto, de Kyoto a Osaka, de Osaka a Kyoto, de Kyoto a Hiroshima, de Hiroshima a Kyoto, de Kyoto a Takayama pasando por Nagoya… Al final, la muchacha admite su derrota y nos pide que pasemos a las ventanillas de las reservas normales, pero decidimos irnos a comer antes, tras asegurarnos del horario de cierre de esa taquilla. Hemos vencido a la maquinaria y eficiencia japonesas sacando billetes de 13 en 13.
Para comer, pasamos a la zona conocida como Ameyoko, y nos metemos en el primer garito que encontramos, que para eso estamos en Japón. Palabra clave del día… biiru, o sea, cerveza.
La tarde se reparte a partes iguales entre sacar el resto de los billetes de tren, con una muy divertida azafata que juega con sus dedos en la pantalla táctil mientras marca lo que la pedimos, y visitar el Yamashinoya, una juguetería de la que siempre sale todo el mundo habiendo comprado algo. Por primera vez en mis cinco visitas a Japón, he conseguido ¡NO COMPRAR NADA!
Antes de cenar, damos otro paseo por el Ameyoko, recorriendo las tiendas. Visitamos una droguería-farmacia, y cenamos con Dani, uno de los chicos que vino conmigo en 2008, con el que coincidí haciendo el Noken en Barcelona este año, y que estará estudiando japonés en Tokio por un año. Pero el remate lo ponen los 90 minutos de karaoke en el que terminamos. Definitivamente esto es muy duro… jajajajaja
De vuelta en el hotel, no han conseguido arreglar el problema de la 507 y me trasladan a la 501… tengo un mal palpito con todo esto. El hotel suele estar lleno en estas fechas y que me cambien no es bueno. Ahora estaré en la 501, aunque nadie podrá encontrarme, puesto que llamarán a la 507, así que espero dormir sin interrupciones.
En realidad ya les había advertido anoche de mi llegada, así que saludo, hago el check-in (habitación 507), dejo los bultos en la sala cerrada que tienen detrás y sudando como si hubiese estado en galeras vuelvo a ponerme en marcha para ir de nuevo al aeropuerto… Y aún no son las 6:30 de la mañana. Si ya digo yo que los horarios de aquí no son normales. Incluso Akira me ha llamado ya hace un rato.
Tras desayunar algo en la estación del Keisei (no quedaban billetes para el tren que yo pretendía coger), llego al aeropuerto donde la espera es eterna… Salir sale mucha gente, porque han llegado tres vuelos a la vez y claro, gente hay para salir, pero justo los seis que yo espero son los últimos de todos. Akira me llama preocupado porque el taxista se está molestando de esperar, y me toca replicarle que “no han salido aún”. Poco más puedo hacer que esperar, y el taxista también, por la cuenta que le trae.
Al parecer, además de estar en la cola del Airbus que les ha traído, los japoneses no habían previsto suficientemente la llegada de tanta gente al unisono, y en inmigración estuvieron atascados un rato muy largo.
Por fin en el hotel, habiéndonos comido el margen de tiempo que me había dejado “por si acaso” (menos mal), reúno al grupo para ir a cambiar los pases de turista de JR que tenemos. Además queremos aprovechar a sacar los billetes, ya que siendo fiestas estará todo a tope y cuanto antes mejor. En el hotel me avisan de que el aire acondicionado de mi habitación no funciona, pero que lo arreglarán a lo largo del día… que no me preocupe (entonces, ¿para que me lo dicen?).
Aunque no venga en los papeles, el cambio puede hacer sin problemas en la estación de Ueno. Como somos 15, nos toman todos los datos, y comprueban que somos nosotros (contrastando los pasaportes), para finalmente tomar mi número de móvil y decirnos que “nos demos un paseo” mientras los hacen. Menos mal que tengo el teléfono japonés, pero estoy asustando porque tendré que mantener alguna conversación sin preparar con él. Bufff.
| De japon2010 |
Como estamos en Ueno, invito al grupo a dar un paseo por el parque de Ueno, adelantando el plan que vendría después. Total, lo mismo da que da lo mismo. Un paseo por el lago, algunas indicaciones, muchas fotos, y llega al momento… suena el móvil.
Debo admitir que no entendí todo lo que me contaban, pero no me quedó ninguna duda de que había algún problema con las fechas de una pareja, y que ya tenían el resto, así que convine que en iríamos para allá, lo cual resulta siempre mucho más fácil, porque ellos son varios, nosotros también, y siempre podemos agregar la mímica al asunto.
En fin, que sólo querían asegurarse de que las fechas de inicio estuvieran correctas, así que nos hacen el papeleo y se ofrecen a sacarnos los billetes… craso error… Saco mi lista de horarios y códigos de tren, para sorpresa de la muchacha que nos atendía y empieza el festival: de Tokio a Kyoto, de Kyoto a Osaka, de Osaka a Kyoto, de Kyoto a Hiroshima, de Hiroshima a Kyoto, de Kyoto a Takayama pasando por Nagoya… Al final, la muchacha admite su derrota y nos pide que pasemos a las ventanillas de las reservas normales, pero decidimos irnos a comer antes, tras asegurarnos del horario de cierre de esa taquilla. Hemos vencido a la maquinaria y eficiencia japonesas sacando billetes de 13 en 13.
Para comer, pasamos a la zona conocida como Ameyoko, y nos metemos en el primer garito que encontramos, que para eso estamos en Japón. Palabra clave del día… biiru, o sea, cerveza.
La tarde se reparte a partes iguales entre sacar el resto de los billetes de tren, con una muy divertida azafata que juega con sus dedos en la pantalla táctil mientras marca lo que la pedimos, y visitar el Yamashinoya, una juguetería de la que siempre sale todo el mundo habiendo comprado algo. Por primera vez en mis cinco visitas a Japón, he conseguido ¡NO COMPRAR NADA!
Antes de cenar, damos otro paseo por el Ameyoko, recorriendo las tiendas. Visitamos una droguería-farmacia, y cenamos con Dani, uno de los chicos que vino conmigo en 2008, con el que coincidí haciendo el Noken en Barcelona este año, y que estará estudiando japonés en Tokio por un año. Pero el remate lo ponen los 90 minutos de karaoke en el que terminamos. Definitivamente esto es muy duro… jajajajaja
| De japon2010 |
De vuelta en el hotel, no han conseguido arreglar el problema de la 507 y me trasladan a la 501… tengo un mal palpito con todo esto. El hotel suele estar lleno en estas fechas y que me cambien no es bueno. Ahora estaré en la 501, aunque nadie podrá encontrarme, puesto que llamarán a la 507, así que espero dormir sin interrupciones.
30/07/2010 – Día libre, día ocupado.
El día comienza temprano, por la mañana. A penas he tenido tiempo de dormir seis horas entre revisar los emails que se han cruzado mientras estaba en el avión. Ahora me toca estrenar el nuevo tren de la línea Keisei. Un modelo más rápido y caro que conecta Ueno con el aeropuerto. El aeropuerto… je, apenas han pasado doce horas desde que llegué y ya tengo que volver a visitarlo. Hoy llegan 8 personas del grupo. Akira me confirma por teléfono que ya está allí mientras yo estoy aún en el tren. Que vale, rápido es, pero este hombre lo es más.
Volviendo al tren, aún huele a nuevo. Lo han estrenado hace 10 días, con sus asientos de diseño y ¡enchufes! En fin, no creo que haga falta que diga lo que he estado haciendo con el portátil, pero evidentemente lo he traído.
Por fin en el aeropuerto, voy de sorpresa en sorpresa. Primero de todo, el vuelo llega a la terminal 1, como yo anoche, pero a la otra salida (eso no se distingue en ningún lado, tienen dos, que usan alternativamente) así que me toca andar unos minutos pasado el susto inicial. Segundo punto, el vuelo llega tarde. Al parecer han salido una hora tarde desde Frankfurt, así que cuando me reúno con Akira nos vamos al Starbacks a desayunar (¿había comentado que no he desayunado?). Tercera sorpresa, este hombre se ha traído mil cosas para darme. Papeles, regalos, dinero… Creo que me quiere convertir en un mini-el, aunque yo soy más digital con mis tablas de Excel.
Volvemos a la puerta de llegadas, y pasa un buen rato hasta que finalmente salen. Han debido traer las maletas con Sherpas, en vez de en el avión… hay que ver lo lentos que han sido hoy. Más sorpresas, una pareja quiere cambiar dinero, ¡han traído todo en euros! Me estoy dando cuenta mientras lo escribo, que no les pregunté a cuanto hicieron el cambio, ni la comisión que les aplicaron. Supongo que habrán tenido suerte, porque el euro ha estado subiendo estos días. Ha sido una subida muy tímida, pero todas las subidas son bien venidas.
JumboTaxi. Como somos 9, en vez de meternos en el tren para volver, y luego andar o pillar tres taxis, Alessandra y Akira han optado por contratar los servicios de una furgoneta adaptada para pasajeros. Pak, es el coreano que la conduce. Un tio la mar de simpático que ha vivido varios años en estados unidos, y que domina el japonés como los nativos. Todo un crack perfectamente adaptado a la vida moderna… Me dan su tarjeta, porque mañana Akira no vendrá y tendré que coordinarme yo con él cuando llegue el siguiente grupo.
Tras un rato de atasco, paso revista al reparto de habitaciones del hotel. Han hecho algunos cambios y Aless está preocupada (lógicamente), pero parece que no hay mayores problemas, así que nos despedimos y yo me vuelvo a mi hotel para confirmar los horarios de los trenes que tendremos que ir cogiendo los próximos días. Libre creía yo que estaría… iluso de mi.
Con el grupo aún inconexo, quedo para comer con uno de los chicos que han venido solos. Y después él se va a dormir, vencido por el jetlag. Yo aprovecho también a hacerme una siestecita, como últimamente en casa, antes de quedar con Akira y Megumi. Aprovechando la primera tarde, quieren revisar todos los papeles y “sincronizarnos”, así que nos vamos a merendar algo a media tarde. Mientras yo meriendo un helado, ellos cenan… así de diferente son nuestros horarios. Habitaciones, trenes, excursiones, al final termino sacando el portátil en el restaurante en el que estamos, para tener acceso completo a mis notas y poder imponerme (o al menos, no ser arrastrado por el montón de papeles que traen ellos).
La recogida es temprana, mañana de nuevo me toca ir al aeropuerto a primera hora, pero antes tendré que pasar por el Edoya para hacer el cambio de hotel… Que dura es la vida.
Volviendo al tren, aún huele a nuevo. Lo han estrenado hace 10 días, con sus asientos de diseño y ¡enchufes! En fin, no creo que haga falta que diga lo que he estado haciendo con el portátil, pero evidentemente lo he traído.
Por fin en el aeropuerto, voy de sorpresa en sorpresa. Primero de todo, el vuelo llega a la terminal 1, como yo anoche, pero a la otra salida (eso no se distingue en ningún lado, tienen dos, que usan alternativamente) así que me toca andar unos minutos pasado el susto inicial. Segundo punto, el vuelo llega tarde. Al parecer han salido una hora tarde desde Frankfurt, así que cuando me reúno con Akira nos vamos al Starbacks a desayunar (¿había comentado que no he desayunado?). Tercera sorpresa, este hombre se ha traído mil cosas para darme. Papeles, regalos, dinero… Creo que me quiere convertir en un mini-el, aunque yo soy más digital con mis tablas de Excel.
Volvemos a la puerta de llegadas, y pasa un buen rato hasta que finalmente salen. Han debido traer las maletas con Sherpas, en vez de en el avión… hay que ver lo lentos que han sido hoy. Más sorpresas, una pareja quiere cambiar dinero, ¡han traído todo en euros! Me estoy dando cuenta mientras lo escribo, que no les pregunté a cuanto hicieron el cambio, ni la comisión que les aplicaron. Supongo que habrán tenido suerte, porque el euro ha estado subiendo estos días. Ha sido una subida muy tímida, pero todas las subidas son bien venidas.
JumboTaxi. Como somos 9, en vez de meternos en el tren para volver, y luego andar o pillar tres taxis, Alessandra y Akira han optado por contratar los servicios de una furgoneta adaptada para pasajeros. Pak, es el coreano que la conduce. Un tio la mar de simpático que ha vivido varios años en estados unidos, y que domina el japonés como los nativos. Todo un crack perfectamente adaptado a la vida moderna… Me dan su tarjeta, porque mañana Akira no vendrá y tendré que coordinarme yo con él cuando llegue el siguiente grupo.
Tras un rato de atasco, paso revista al reparto de habitaciones del hotel. Han hecho algunos cambios y Aless está preocupada (lógicamente), pero parece que no hay mayores problemas, así que nos despedimos y yo me vuelvo a mi hotel para confirmar los horarios de los trenes que tendremos que ir cogiendo los próximos días. Libre creía yo que estaría… iluso de mi.
Con el grupo aún inconexo, quedo para comer con uno de los chicos que han venido solos. Y después él se va a dormir, vencido por el jetlag. Yo aprovecho también a hacerme una siestecita, como últimamente en casa, antes de quedar con Akira y Megumi. Aprovechando la primera tarde, quieren revisar todos los papeles y “sincronizarnos”, así que nos vamos a merendar algo a media tarde. Mientras yo meriendo un helado, ellos cenan… así de diferente son nuestros horarios. Habitaciones, trenes, excursiones, al final termino sacando el portátil en el restaurante en el que estamos, para tener acceso completo a mis notas y poder imponerme (o al menos, no ser arrastrado por el montón de papeles que traen ellos).
La recogida es temprana, mañana de nuevo me toca ir al aeropuerto a primera hora, pero antes tendré que pasar por el Edoya para hacer el cambio de hotel… Que dura es la vida.
viernes, 21 de mayo de 2010
04/04/2007 – Día libre
Veo las dos fotos de este día, las dos únicas que saqué, y recuerdo perfectamente qué hice. Por donde estuve, como para no preocuparme de hacer más. Lo que no recuerdo es que excursión hizo el chibitour… ¿Qué donde estuve? Pues de compras, de relax, y de más compras. Mis estanterías dan fe.
Cada uno tiene sus rutinas, y sus tradiciones. Yo, después de cuatro viajes a Japón, puedo decir que me he impuesto un tanto exclusiva. Sea de una u otra forma, siempre termino pasando por Akihabara mirando, fisgando, seleccionando y comprando juegos hentai. Es lo que pasa cuando se colecciona algo, aunque no juegue tanto como cabría esperar. La suerte para mi es que las costumbres japonesas incluyen un amplio mercado de segunda mano, de modo que puedo comprar a precios muy razonables.
El momento “risas” lo viví con Jasone, quien sin ningún reparo me acompañó un buen rato del día… Y claro, algunos se sentían incómodos con una mujer en la tienda, mientras los dependientes se tronchaban de la escena. JAJAJAJA
El día cambió de intenciones, y terminó lloviendo, así que en previsión de eso, y dada la carga acumulada, yo hice una retirada estratégica al hotel con las compras de ambos justo a tiempo, mientras Jasone ponía a los frágiles japoneses en un apuro más explicito en...
Cada uno tiene sus rutinas, y sus tradiciones. Yo, después de cuatro viajes a Japón, puedo decir que me he impuesto un tanto exclusiva. Sea de una u otra forma, siempre termino pasando por Akihabara mirando, fisgando, seleccionando y comprando juegos hentai. Es lo que pasa cuando se colecciona algo, aunque no juegue tanto como cabría esperar. La suerte para mi es que las costumbres japonesas incluyen un amplio mercado de segunda mano, de modo que puedo comprar a precios muy razonables.
El momento “risas” lo viví con Jasone, quien sin ningún reparo me acompañó un buen rato del día… Y claro, algunos se sentían incómodos con una mujer en la tienda, mientras los dependientes se tronchaban de la escena. JAJAJAJA
El día cambió de intenciones, y terminó lloviendo, así que en previsión de eso, y dada la carga acumulada, yo hice una retirada estratégica al hotel con las compras de ambos justo a tiempo, mientras Jasone ponía a los frágiles japoneses en un apuro más explicito en...
viernes, 14 de mayo de 2010
03/04/2007 – Ida a Tokyo. Odaiba y Karaoke (Chibitour)
Dicen los japoneses de sí mismos que son gente muy puntual. Es la primera cosa que nos dijo Megumi, la guía, en 2006… allí las excursiones siguen el horario japonés de las cosas, y no el español. Un claro intento de concienciarnos por ser puntuales a la hora de volver al autobús y seguir las rutas. Pero en seguida se puede apreciar que algo de verdad ahí en esas palabras. Escrupulosamente, los trenes son cronometrados, si llega a las 11:37, más te vale estar a las 11:36 en el andén, o lo perderás, porque a las 11:38 habrá pasado.
Con esa idea empezó nuestra mañana en Kyoto. El plan era sencillo, sólo teníamos que ir a Tokio, dejar las maletas en el hotel, comer algo, y llegar a la hora al Oedo Onsen Monogatari, donde nos reuniríamos con el Chibitour. La hora de la cita, las 17h.
La primera parte fue muy fácil, los 550 kilómetros que separan ambas ciudades quedaron en manos del experto maquinista de turno del Shinkansen. Después, la cosa se fue complicando. Y es que moverse con maletas nunca es fácil, y en Tokio, nada está al lado de nada… pasa cuando una ciudad es tan grande, en cuanto te despistas, tienes que ir dos barrios más allá. Pero bueno, todo es cuestión de coger el tren apropiado.
En el hotel, apareció la primera sorpresa en forma de durmiente rezagado de la excursión del día. Al parecer, se habían marchado sin él. No se había preocupado de levantarse a la hora, y su compañero de habitación había entendido que prefería quedarse durmiendo. Así que cuando por fin se levantó, se encontró abandonad, sólo y sin plan. Como nosotros íbamos a interceptar al grupo, se nos unió en cuanto nos descubrió en la recepción del hotel.
Pero antes de eso, dejamos las maletas y fuimos a comer algo. Después, volvimos al tren, e hicimos transbordo. Pese a todas las peripecias, y por increíble que parezca, llegamos EXACTAMENTE a la hora. Ni que decir, que Akira, el responsable de todo allí, flipó al vernos llegar cuando volvía de concertar la entrada del grupo… Justo a tiempo.
Nada mejor para perder la timidez, que juntarte con un grupo de gente a la que no conoces, en pelota picada… bueno, las chicas por otro lado… Por supuesto, cenamos en grupo, y muchos terminamos la noche en el Karaoke, aprovechando que la timidez de todos había quedado en el balneario. Imaginaros que risas. Me lo pasé genial, y no sería el único día.
Con esa idea empezó nuestra mañana en Kyoto. El plan era sencillo, sólo teníamos que ir a Tokio, dejar las maletas en el hotel, comer algo, y llegar a la hora al Oedo Onsen Monogatari, donde nos reuniríamos con el Chibitour. La hora de la cita, las 17h.
| De japon2007 |
En el hotel, apareció la primera sorpresa en forma de durmiente rezagado de la excursión del día. Al parecer, se habían marchado sin él. No se había preocupado de levantarse a la hora, y su compañero de habitación había entendido que prefería quedarse durmiendo. Así que cuando por fin se levantó, se encontró abandonad, sólo y sin plan. Como nosotros íbamos a interceptar al grupo, se nos unió en cuanto nos descubrió en la recepción del hotel.
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| De japon2007 |
Nada mejor para perder la timidez, que juntarte con un grupo de gente a la que no conoces, en pelota picada… bueno, las chicas por otro lado… Por supuesto, cenamos en grupo, y muchos terminamos la noche en el Karaoke, aprovechando que la timidez de todos había quedado en el balneario. Imaginaros que risas. Me lo pasé genial, y no sería el único día.
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lunes, 2 de noviembre de 2009
22/08/2009 – Cerrando temas
Hoy es sábado, y en contra de lo que podría esperarse, terminando nuestro viaje en breve, la costumbre puede más, y superado el despertador, hoy no madrugamos. De hecho, como buen sábado que es, incluso remoloneamos varias horas. Y es que, aunque estemos en Japón, estamos de vacaciones.
Cuando por fin comienza el día, cumplimos con nuestra única obligación del día, ir a Correos para enviar un par de cajas de Gorka. Lo ha estado demorando, y si mañana viniese a la playa, ya no le quedarán más ratos para hacerlo. Así que, convencidos, vamos hasta la oficina más cercana para descubrir que el día anterior habíamos mirado mal el horario. ¡Está cerrada!
Vuelta con las cajas al hotel, a replantearse la situación y el plan. ¿La central de Shinjuku? Preguntamos en recepción, y gustosos ellos mismos llaman para confirmar el horario de la central, y si, está abierta incluyendo los domingos. Así que nos ponemos en marcha, pero esta vez Gorka se paga un taxi, porque el paseo sería muy largo contando con las dos cajas de libros que ha preparado (no sé si habrá dejado algún título sin mirar/comprar).
Aunque no me lo había planteado, finalmente compro yo también una caja mediana. Tengo algunas cosillas aún en la habitación, y como nos falta una bascula, pues mejor me curó en salud y las mando a casa. Así de paso, aprovecho la vuelta al hotel para comprar unos accesorios de la Wii para un amigo, que le mandaré también en el paquete, y quizás alguna otra cosilla. Pero antes comemos algo, porque se nos ha hecho tarde.
Cuando por fin terminamos con todo: los paquetes de Gorka, comer, comprar, mí improvisado paquete… decidimos llamar a Aydin y quedar con él para cenar. Puede ser la última ocasión en que pueda verse con Gorka, quien anda pensando no ir a la playa, y dejarse perder entre trenes por las afueras, para “intentar” ver todo Japón (lo que no ha hecho estos días de atrás) en 24 horas. Mañana será nuestro último día, y no sabe como agarrarse a esta tierra.
Para cenar vamos a Ikebukuro. Barrio norteño de Tokio, y principal puerta de acceso de los trabajadores que vienen a diario a la ciudad desde el nor-oeste. Es sin duda un enclave de paso muy importante. Y se nota cuando bajamos del tren, entre la correspondiente oleada de japoneses. Por un momento, ni sabemos a dónde vamos, ni podemos pararnos a pensarlo.
Ya en la calle, apartados de la ruta de la multitud, hemos tratado de llegar al punto de encuentro con Aydin, pero terminamos por llamarle al teléfono, visto que no le encontramos. Y es que hemos acertado con el “lado” de la estación, pero no con cuál de las tres salidas era la de la cita. Pero el problema no hemos sido nosotros, sino que los carteles interiores y exteriores de la estación ¡no coinciden!
Salvados los saludos, atendemos a las necesidades básicas más urgentes, ¡hambre! Nuestro anfitrión nos lleva a un restaurante especializado en atún rojo (maguro), y nos recomienda el equivalente al katsudon. Pese a mis cuatro viajes, ha tenido que ser la anteúltima noche cuando he descubierto un plato tan interesante. Sirven el maguro crudo (como no podía ser de otro modo) sobre el arroz, y tu preparas a parte la salsa de soja con wasabi según gustos, para rociársela después por encima, y así comerlo todo junto. Es como una pieza de sushi gigante, y mejor aderezada (ya que puedes echarle tanta salsa como quieras por encima, pero con un platillo me fue suficiente). Vamos que me he quedado con pena de no volver a comerlo, y espero repetir en cuanto vuelva.
Aunque mañana tendré que madrugar, y pese a que los trenes que dejan la ciudad terminan antes que la línea Yamanote (los primeros para Aydin, la otra para volver nosotros), jugamos con el reloj un rato visitando el barrio en contra dirección. Es que esta gente ¡ya se está retirando!
Cuando por fin comienza el día, cumplimos con nuestra única obligación del día, ir a Correos para enviar un par de cajas de Gorka. Lo ha estado demorando, y si mañana viniese a la playa, ya no le quedarán más ratos para hacerlo. Así que, convencidos, vamos hasta la oficina más cercana para descubrir que el día anterior habíamos mirado mal el horario. ¡Está cerrada!
Vuelta con las cajas al hotel, a replantearse la situación y el plan. ¿La central de Shinjuku? Preguntamos en recepción, y gustosos ellos mismos llaman para confirmar el horario de la central, y si, está abierta incluyendo los domingos. Así que nos ponemos en marcha, pero esta vez Gorka se paga un taxi, porque el paseo sería muy largo contando con las dos cajas de libros que ha preparado (no sé si habrá dejado algún título sin mirar/comprar).
Aunque no me lo había planteado, finalmente compro yo también una caja mediana. Tengo algunas cosillas aún en la habitación, y como nos falta una bascula, pues mejor me curó en salud y las mando a casa. Así de paso, aprovecho la vuelta al hotel para comprar unos accesorios de la Wii para un amigo, que le mandaré también en el paquete, y quizás alguna otra cosilla. Pero antes comemos algo, porque se nos ha hecho tarde.
Cuando por fin terminamos con todo: los paquetes de Gorka, comer, comprar, mí improvisado paquete… decidimos llamar a Aydin y quedar con él para cenar. Puede ser la última ocasión en que pueda verse con Gorka, quien anda pensando no ir a la playa, y dejarse perder entre trenes por las afueras, para “intentar” ver todo Japón (lo que no ha hecho estos días de atrás) en 24 horas. Mañana será nuestro último día, y no sabe como agarrarse a esta tierra.
| De japon2009 | De japon2009 |
Para cenar vamos a Ikebukuro. Barrio norteño de Tokio, y principal puerta de acceso de los trabajadores que vienen a diario a la ciudad desde el nor-oeste. Es sin duda un enclave de paso muy importante. Y se nota cuando bajamos del tren, entre la correspondiente oleada de japoneses. Por un momento, ni sabemos a dónde vamos, ni podemos pararnos a pensarlo.
Ya en la calle, apartados de la ruta de la multitud, hemos tratado de llegar al punto de encuentro con Aydin, pero terminamos por llamarle al teléfono, visto que no le encontramos. Y es que hemos acertado con el “lado” de la estación, pero no con cuál de las tres salidas era la de la cita. Pero el problema no hemos sido nosotros, sino que los carteles interiores y exteriores de la estación ¡no coinciden!
Salvados los saludos, atendemos a las necesidades básicas más urgentes, ¡hambre! Nuestro anfitrión nos lleva a un restaurante especializado en atún rojo (maguro), y nos recomienda el equivalente al katsudon. Pese a mis cuatro viajes, ha tenido que ser la anteúltima noche cuando he descubierto un plato tan interesante. Sirven el maguro crudo (como no podía ser de otro modo) sobre el arroz, y tu preparas a parte la salsa de soja con wasabi según gustos, para rociársela después por encima, y así comerlo todo junto. Es como una pieza de sushi gigante, y mejor aderezada (ya que puedes echarle tanta salsa como quieras por encima, pero con un platillo me fue suficiente). Vamos que me he quedado con pena de no volver a comerlo, y espero repetir en cuanto vuelva.
Aunque mañana tendré que madrugar, y pese a que los trenes que dejan la ciudad terminan antes que la línea Yamanote (los primeros para Aydin, la otra para volver nosotros), jugamos con el reloj un rato visitando el barrio en contra dirección. Es que esta gente ¡ya se está retirando!
jueves, 29 de octubre de 2009
21/08/2009 – Despedida y ocio
Si ayer terminamos las clases en la academia, hoy nos toca el “examen”. Bueno, nos debería tocar el examen, pero en vez de eso, han invitado a varias japonesas para que hablen con nosotros. Tenemos que hacer una pequeña presentación sobre nosotros y nuestros países, antes de repartirnos en grupos para “jugar” con el tablero de preguntas y pruebas que preparamos ayer.
Las invitadas también se presentan, cuatro amas de casa, muy animadas e interesadas en Europa (todas habían visitado el “viejo continente” e incluso nos expresaron su interés por volver) y una universitaria, pendiente de hacer un intercambio con EEUU.
Ciertamente, todo un reto para nosotros (peor que un examen en realidad), del que yo creo que salimos bastante bien parados. Con los posters que habíamos preparado, las presentaciones fueron rodadas, y con el tablero para la segunda parte del encuentro, no quedaron excusas para no hablar.
La nota de color, la pusieron las pruebas físicas (a modo de castigo) que rondaron varios tableros. En esos momentos, todas las charlas se paralizaron para ver al “castigado” en acción.
Al final conseguimos nuestro premio, en forma de diploma por el curso que hemos hecho. Vale, no es mucho, pero da cierta ilusión tener papeles “oficiales” en japonés, con su sello y tal.
La verdad es que me lo he pasado muy bien en este curso, pese a los miedos y reticencias iníciales. El grupo ha funcionado muy bien, y las profesoras han conseguido animar las clases, rompiendo el hielo cada día… Quien lo diría de unos japoneses que todo el mundo tiene por tan serios. Sólo le falta que sean más horas, y que yo pueda estudiar más el vocabulario.
Para el domingo hemos quedado en ir a la playa, pero antes del “hasta luego”, al grupo se unen varios menos habituales para ir juntos a comer. Lo siguiente es pasarse emails, fotos, etc.
Aunque hemos procurado quedar por la tarde, al final cada cual aprovecha sus últimas horas de una manera, pero el grupo de “mayores” del que formo parte resiste unido con la incorporación de Frank, de quien por fin hemos sabido que es el mayor del grupo. Así por tanto, Frank, Aydin, yo mismo, y Gorka (por orden de edad), recorremos Kabukicho (el barrio más peligroso de Tokyo según Akira) hasta la noche. Billar, bolera, cenota… Nos hemos puesto en marcha tarde, pero ha dado tiempo a reírnos, charlar y tomar unas cervezas (los que han gustado de tomarlas). Ha sido la única tarde libre de Frank, pero creo que hemos conseguido formar un grupillo interesante. Lástima que se terminen nuestros días.
Las invitadas también se presentan, cuatro amas de casa, muy animadas e interesadas en Europa (todas habían visitado el “viejo continente” e incluso nos expresaron su interés por volver) y una universitaria, pendiente de hacer un intercambio con EEUU.
Ciertamente, todo un reto para nosotros (peor que un examen en realidad), del que yo creo que salimos bastante bien parados. Con los posters que habíamos preparado, las presentaciones fueron rodadas, y con el tablero para la segunda parte del encuentro, no quedaron excusas para no hablar.
La nota de color, la pusieron las pruebas físicas (a modo de castigo) que rondaron varios tableros. En esos momentos, todas las charlas se paralizaron para ver al “castigado” en acción.
| De japon2009 |
Al final conseguimos nuestro premio, en forma de diploma por el curso que hemos hecho. Vale, no es mucho, pero da cierta ilusión tener papeles “oficiales” en japonés, con su sello y tal.
La verdad es que me lo he pasado muy bien en este curso, pese a los miedos y reticencias iníciales. El grupo ha funcionado muy bien, y las profesoras han conseguido animar las clases, rompiendo el hielo cada día… Quien lo diría de unos japoneses que todo el mundo tiene por tan serios. Sólo le falta que sean más horas, y que yo pueda estudiar más el vocabulario.
Para el domingo hemos quedado en ir a la playa, pero antes del “hasta luego”, al grupo se unen varios menos habituales para ir juntos a comer. Lo siguiente es pasarse emails, fotos, etc.
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Aunque hemos procurado quedar por la tarde, al final cada cual aprovecha sus últimas horas de una manera, pero el grupo de “mayores” del que formo parte resiste unido con la incorporación de Frank, de quien por fin hemos sabido que es el mayor del grupo. Así por tanto, Frank, Aydin, yo mismo, y Gorka (por orden de edad), recorremos Kabukicho (el barrio más peligroso de Tokyo según Akira) hasta la noche. Billar, bolera, cenota… Nos hemos puesto en marcha tarde, pero ha dado tiempo a reírnos, charlar y tomar unas cervezas (los que han gustado de tomarlas). Ha sido la única tarde libre de Frank, pero creo que hemos conseguido formar un grupillo interesante. Lástima que se terminen nuestros días.
sábado, 29 de agosto de 2009
20/08/2009 – Intensivo de japonés
Es jueves y tenemos nuestro último día de academia. Mañana viernes tendremos que venir para que nos den los certificados de asistencia, de cómo hemos hecho el curso (no hay ningún examen), y tendremos visita. Van a venir varios japoneses externos a la academia, de visita, para que hablemos con ellos.
El planteamiento de la clase es sencillo, hacemos el repaso de los viernes hoy jueves, y preparamos lo que será la sesión de mañana. Tenemos que preparar una presentación de nuestros países de origen, y nos separamos en cuatro grupos para hacer un juego como la oca, pero con preguntas que nos obliguen a hablar con las visitas.
Para la primera parte, hacemos unos posters, en plan concurso “¿Cómo se llama la capital de Serbia? A, B ó C”. Yo me dibujo la península y pregunto “¿Dónde está Bilbao? A- al sur, B- al norte ó C- al este”. Muy divertido. Para la segunda parte, hago grupo con Dejan, el serbio, y mientras él dibuja (que para eso estudia arquitectura) yo preparo unas preguntas. Pero como no lo hacemos directamente en las hojas que nos han dado, no terminamos a tiempo y decidimos ir a comer, y volver a terminar a la tarde.
Es una pena que estemos terminando la academia, porque hemos formado un grupito interesante, y ya hemos incluido a las japonesas (el muchacho no termina de encajar). Así que todos juntos nos vamos a comer cerquita. A la “clase” de después sólo vamos tres. Aydin forma equipo con el alemán, y tampoco han terminado. Por mi parte, Dejan, tiene obligaciones y me deja sólo con el marrón (en realidad es sólo pasar a limpio lo que tenemos). Las japonesas vuelven también, que tienen que estar hasta las 17h y son nuestro aval para poder entrar a terminar. El resto se reparten entre varias citas por la ciudad.
Metidos en harina, con el japonés por bandera, la tarde se vuelven intensa cuando las chicas reaparecen en la clase escapando de sus obligaciones entre tanto profesor. Así que las preguntas que vamos escribiendo los dos equipos son fuente de risas por parte de todos. Y es que Aydin y Casemir no han entendido que mañana jugaremos con “alguien” y se han “soltado la melena”. Al final, terminadas las obligaciones y en algún momento de escribir las preguntas, hemos terminado usando la pizarra para escribir algún kanji (debo entonar el mea culpa) y desde ahí hemos terminado comparando la estructura gramatical del japonés contra el inglés, el turco y el castellano.
Pasadas ya las 18h, salimos de la academia y despedimos a las chicas, para juntarnos Aydin y yo con Gorka que ha aprovechado el rato para otros asuntos. Pero el día entre una cosa y otra, está terminando y no da para mucho más… ¡mañana tengo que ir a tope!
El planteamiento de la clase es sencillo, hacemos el repaso de los viernes hoy jueves, y preparamos lo que será la sesión de mañana. Tenemos que preparar una presentación de nuestros países de origen, y nos separamos en cuatro grupos para hacer un juego como la oca, pero con preguntas que nos obliguen a hablar con las visitas.
Para la primera parte, hacemos unos posters, en plan concurso “¿Cómo se llama la capital de Serbia? A, B ó C”. Yo me dibujo la península y pregunto “¿Dónde está Bilbao? A- al sur, B- al norte ó C- al este”. Muy divertido. Para la segunda parte, hago grupo con Dejan, el serbio, y mientras él dibuja (que para eso estudia arquitectura) yo preparo unas preguntas. Pero como no lo hacemos directamente en las hojas que nos han dado, no terminamos a tiempo y decidimos ir a comer, y volver a terminar a la tarde.
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Es una pena que estemos terminando la academia, porque hemos formado un grupito interesante, y ya hemos incluido a las japonesas (el muchacho no termina de encajar). Así que todos juntos nos vamos a comer cerquita. A la “clase” de después sólo vamos tres. Aydin forma equipo con el alemán, y tampoco han terminado. Por mi parte, Dejan, tiene obligaciones y me deja sólo con el marrón (en realidad es sólo pasar a limpio lo que tenemos). Las japonesas vuelven también, que tienen que estar hasta las 17h y son nuestro aval para poder entrar a terminar. El resto se reparten entre varias citas por la ciudad.
Metidos en harina, con el japonés por bandera, la tarde se vuelven intensa cuando las chicas reaparecen en la clase escapando de sus obligaciones entre tanto profesor. Así que las preguntas que vamos escribiendo los dos equipos son fuente de risas por parte de todos. Y es que Aydin y Casemir no han entendido que mañana jugaremos con “alguien” y se han “soltado la melena”. Al final, terminadas las obligaciones y en algún momento de escribir las preguntas, hemos terminado usando la pizarra para escribir algún kanji (debo entonar el mea culpa) y desde ahí hemos terminado comparando la estructura gramatical del japonés contra el inglés, el turco y el castellano.
Pasadas ya las 18h, salimos de la academia y despedimos a las chicas, para juntarnos Aydin y yo con Gorka que ha aprovechado el rato para otros asuntos. Pero el día entre una cosa y otra, está terminando y no da para mucho más… ¡mañana tengo que ir a tope!
viernes, 21 de agosto de 2009
19/08/2009 – ¡Dolor! ¡Muerte!… y karaoke.
¡¡AAARRRGGGGGHHHH…!! ¡¡DOLOR!! No he abierto los ojos de buena mañana, y ya estoy deseando matar a alguien, o romper algo, o las dos cosas… Me retuerzo de dolor en la cama mientras intento hacer algo útil para conseguir que mi gemelo izquierdo vuelva a si posición normal en mi pierna, y no varios centímetros más arriba.
Inspiro, expiro… inspiro, expiro… el dolor va pasando, ¿Quién quiere preocuparse por los terremotos cuando en ocasiones su propio cuerpo lo traiciona? Por un momento me cruza la mente la idea de ausentarme de la academia, pero cojo al toro por los cuernos y salgo antes de tiempo, dispuesto a vencer el dolor que aún persiste en mi breve ruta hasta clase. Por supuesto, voy más despacio. Y lo primero que hago tras saludar a los más madrugadores, es preparar una frase que explique “hoy no me encuentro bien” para cuando la profesora de turno me haga su pregunta de rigor al pasar la lista de clase “genki desuka”. Parece que tanto paseo no es bueno, sobre todo cuando uno no está acostumbrado. Y la natación del sábado tampoco habrá ayudado. Ciertamente, tengo que hacer más deporte, pero más escalonado. A ver si me dan el traslado por fin, y me tomo las cosas de otra manera en casa.
Volviendo a la realidad del día, hoy reclutamos a un compañero de Kimura y Abe, las dos estudiantes en practicas de ayer. Así que formamos grupo de nuevo para ir a comer. Durante el siguiente rato, son varios los que tienen obligaciones, pero por una vez, nos organizamos para hacer algo después. Nos damos tres horas de plazo para volver a la academia y desde ahí irnos a un karaoke (aunque el muchacho este no se apunta, pero si las chicas).
Como le gusta acentuar a Aidin, ¡Shibuya!, nos vamos al barrio joven por excelencia de Tokio para buscar un karaoke donde acepten a 9 personas. Para que conste, Aidin y yo somos los veteranos de la clase (si descontamos a las profesoras). Me falta saber la edad de Frank, el suizo, pero al resto les sacamos una media de 10 años. En fin, diré también que hemos incluido en el grupo a un americano amigo de Reneé. Cada vez somos más internacionales si cabe.
Por fin en el karaoke, quien más quien menos, cantamos todos, pero sin duda los veteranos hemos dominado la sesión (incluyendo al final a Gorka). El americano le ha puesto intención, pero poca voz. El chino… ejem… mejor que siga escuchando música por su cuenta. Las chicas han cumplido. Y todos nos hemos reído. A ver si me pasan los videos, que tienen que ser la repera… sobre todo yo.
Tras dos horas de sesión, nos vamos todos a cenar a un Nomijodai. Si el martes me tocaba un sitio donde podía comer tanto como quisiera durante 90 minutos, hoy vamos a otro donde podemos beber lo que queramos en el mismo tiempo, mientras cenamos normalmente. A partir de la cuarta Coca-Cola la inversión sale rentable para un no-alcohólico, así que me habré bebido siete; aunque ahí que decir que en Japón, lo normal es poner más hielos que bebida, así que me habré tomado 3 españolas como mucho.
Mirando el reloj, cerramos el restaurante y nos damos cuenta de que volver puede ser un problema para algunos. El tren también cierra entre semana, así que nos toca correr mientras las chicas miran los horarios desde sus móviles (ya nos gustaría en España algo así, tanto por los móviles, como por el Internet, pero sobre todo por una información fiable y actualizada en tiempo real del estado de los trenes). En fin, que todos cansados para una jornada que para mi ha tenido grandes contrastes, desde el dolor, al más absoluto cachondeo. Como dice Gorka, esto empieza a animarse.
Inspiro, expiro… inspiro, expiro… el dolor va pasando, ¿Quién quiere preocuparse por los terremotos cuando en ocasiones su propio cuerpo lo traiciona? Por un momento me cruza la mente la idea de ausentarme de la academia, pero cojo al toro por los cuernos y salgo antes de tiempo, dispuesto a vencer el dolor que aún persiste en mi breve ruta hasta clase. Por supuesto, voy más despacio. Y lo primero que hago tras saludar a los más madrugadores, es preparar una frase que explique “hoy no me encuentro bien” para cuando la profesora de turno me haga su pregunta de rigor al pasar la lista de clase “genki desuka”. Parece que tanto paseo no es bueno, sobre todo cuando uno no está acostumbrado. Y la natación del sábado tampoco habrá ayudado. Ciertamente, tengo que hacer más deporte, pero más escalonado. A ver si me dan el traslado por fin, y me tomo las cosas de otra manera en casa.
Volviendo a la realidad del día, hoy reclutamos a un compañero de Kimura y Abe, las dos estudiantes en practicas de ayer. Así que formamos grupo de nuevo para ir a comer. Durante el siguiente rato, son varios los que tienen obligaciones, pero por una vez, nos organizamos para hacer algo después. Nos damos tres horas de plazo para volver a la academia y desde ahí irnos a un karaoke (aunque el muchacho este no se apunta, pero si las chicas).
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Como le gusta acentuar a Aidin, ¡Shibuya!, nos vamos al barrio joven por excelencia de Tokio para buscar un karaoke donde acepten a 9 personas. Para que conste, Aidin y yo somos los veteranos de la clase (si descontamos a las profesoras). Me falta saber la edad de Frank, el suizo, pero al resto les sacamos una media de 10 años. En fin, diré también que hemos incluido en el grupo a un americano amigo de Reneé. Cada vez somos más internacionales si cabe.
Por fin en el karaoke, quien más quien menos, cantamos todos, pero sin duda los veteranos hemos dominado la sesión (incluyendo al final a Gorka). El americano le ha puesto intención, pero poca voz. El chino… ejem… mejor que siga escuchando música por su cuenta. Las chicas han cumplido. Y todos nos hemos reído. A ver si me pasan los videos, que tienen que ser la repera… sobre todo yo.
Tras dos horas de sesión, nos vamos todos a cenar a un Nomijodai. Si el martes me tocaba un sitio donde podía comer tanto como quisiera durante 90 minutos, hoy vamos a otro donde podemos beber lo que queramos en el mismo tiempo, mientras cenamos normalmente. A partir de la cuarta Coca-Cola la inversión sale rentable para un no-alcohólico, así que me habré bebido siete; aunque ahí que decir que en Japón, lo normal es poner más hielos que bebida, así que me habré tomado 3 españolas como mucho.
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Mirando el reloj, cerramos el restaurante y nos damos cuenta de que volver puede ser un problema para algunos. El tren también cierra entre semana, así que nos toca correr mientras las chicas miran los horarios desde sus móviles (ya nos gustaría en España algo así, tanto por los móviles, como por el Internet, pero sobre todo por una información fiable y actualizada en tiempo real del estado de los trenes). En fin, que todos cansados para una jornada que para mi ha tenido grandes contrastes, desde el dolor, al más absoluto cachondeo. Como dice Gorka, esto empieza a animarse.
miércoles, 19 de agosto de 2009
18/08/2009 – Hablando en japonés con japoneses y en castellano con españoles
Es martes y Pieru-san busca hotel para una escapa de fin de semana, por supuesto barato, pero fijándose en todo, con baño, Internet y fácil de llegar en shinkansen. Es el temario del día. Ayer se compró una cámara. Vamos, que para mi va tarde, por que yo compré la mía hace dos años en Osaka, y no será por hoteles que voy conociendo.
Para comer, hemos conseguido ampliar el grupo, incluyendo a dos de las estudiantes de universidad que están haciendo prácticas en la academia. Kimura-san, que había estado tres días en nuestra clase la semana pasada, y hoy ha vuelto, accede a venir acompañada de su amiga Abe-san. El restaurante lo eligen ellas, un kaiten-sushi baratito (uno de esos en los que se mueven los platos y los vas cogiendo a placer).
El contraste llega por la tarde, porque acompaño a parte del chibitour hasta el aeropuerto en su regreso a España. Así que paso del japonés al castellano en un corto recorrido en autobús. La verdad, es que me han parecido una gente muy simpática los pocos ratos que he compartido con ellos y me hubiese apetecido conocerles un poco más, pero todo no puede ser. Así que facturan y les damos el último adiós cuando cruzan la zona de seguridad. Se lo han pasado genial, y han probado carne de Kobe (que envidia, con las ganas que tengo de probarla).
La vuelta la hacemos Akira y yo en tren. Me ha conseguido un teléfono móvil japonés de prepago, así que comentamos un poco de todo, con nuestra mezcla de japonés-castellano-inglés. Aunque resulte increíble, nos entendemos muy bien. Ya de vuelta en Ueno, se saca de la manga unos bonos descuento para un tabejodai, un restaurante en el que puedes comer todo lo que quieras durante un tiempo límite, 90 minutos en este caso. Así que nos hinchamos a cenar, mientras seguimos de parloteo, descubriendo un poco más el uno del otro. Todo el que lo conoce llega a la misma conclusión, Akira es un tío genial, y yo no puedo más que convencerme de ello.
Para comer, hemos conseguido ampliar el grupo, incluyendo a dos de las estudiantes de universidad que están haciendo prácticas en la academia. Kimura-san, que había estado tres días en nuestra clase la semana pasada, y hoy ha vuelto, accede a venir acompañada de su amiga Abe-san. El restaurante lo eligen ellas, un kaiten-sushi baratito (uno de esos en los que se mueven los platos y los vas cogiendo a placer).
El contraste llega por la tarde, porque acompaño a parte del chibitour hasta el aeropuerto en su regreso a España. Así que paso del japonés al castellano en un corto recorrido en autobús. La verdad, es que me han parecido una gente muy simpática los pocos ratos que he compartido con ellos y me hubiese apetecido conocerles un poco más, pero todo no puede ser. Así que facturan y les damos el último adiós cuando cruzan la zona de seguridad. Se lo han pasado genial, y han probado carne de Kobe (que envidia, con las ganas que tengo de probarla).
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La vuelta la hacemos Akira y yo en tren. Me ha conseguido un teléfono móvil japonés de prepago, así que comentamos un poco de todo, con nuestra mezcla de japonés-castellano-inglés. Aunque resulte increíble, nos entendemos muy bien. Ya de vuelta en Ueno, se saca de la manga unos bonos descuento para un tabejodai, un restaurante en el que puedes comer todo lo que quieras durante un tiempo límite, 90 minutos en este caso. Así que nos hinchamos a cenar, mientras seguimos de parloteo, descubriendo un poco más el uno del otro. Todo el que lo conoce llega a la misma conclusión, Akira es un tío genial, y yo no puedo más que convencerme de ello.
17/08/2009 – Última semana
Ya es lunes y comienza la última semana de este viaje. Es inevitable pensar que para estas horas el próximo lunes estaremos en el avión de vuelta a la realidad de nuestras vidas, y unos días después… al trabajo. A nadie le gusta que se terminen las vacaciones, sean donde sean, y mucho menos si las estás disfrutando como yo.
El ambiente en clase dentro y fuera de la clase es estupendo, y hemos empezado a hacer chistes incluso en japonés (vale, chorradillas, pero mola). Nos han dicho que el viernes tendremos invitados japoneses para charlar un poco, así que hemos repasado lo de la semana anterior, pero hasta el miércoles seguiremos dando clase normal. El jueves prepararemos un poquito el encuentro del viernes, e incluso nos darán un diplomilla.
La tarde ha empezado con dudas, el grupillo después de comer se ha separado y sólo hemos quedado tres (incluido Aidin). Finalmente, nos hemos decidido por el paseo como la semana pasada, esta vez vamos en línea recta hasta Shibuya (en vez de rodear y conocer Shinjuku). Unos cinco kilómetros de paseo, atravesando Harajuku.
Así que aprovechando la ruta, hemos parado a mirar las tiendas de Takeshitadori otra vez, y seguir gastando un poco. Cuando por fin hemos llegado a Shibuya, la hemos recorrido calle a calle, para conocerla un poco mejor, pero como hemos andando tanto, y mañana volvemos a tener clase, nos hemos retirado a tiempo (en tren esta vez).
Algunas cosillas que hemos visto durante el paseo (demostrando que en Tokio hay de todo): una emisión de televisión en directo, un restaurante mejicano, unas máquinas de bebidas vacías y sin estrenar, pelos de todos los colores (incluido el rosita), un rocodromo, la tienda oficial de Disney...
El ambiente en clase dentro y fuera de la clase es estupendo, y hemos empezado a hacer chistes incluso en japonés (vale, chorradillas, pero mola). Nos han dicho que el viernes tendremos invitados japoneses para charlar un poco, así que hemos repasado lo de la semana anterior, pero hasta el miércoles seguiremos dando clase normal. El jueves prepararemos un poquito el encuentro del viernes, e incluso nos darán un diplomilla.
La tarde ha empezado con dudas, el grupillo después de comer se ha separado y sólo hemos quedado tres (incluido Aidin). Finalmente, nos hemos decidido por el paseo como la semana pasada, esta vez vamos en línea recta hasta Shibuya (en vez de rodear y conocer Shinjuku). Unos cinco kilómetros de paseo, atravesando Harajuku.
Así que aprovechando la ruta, hemos parado a mirar las tiendas de Takeshitadori otra vez, y seguir gastando un poco. Cuando por fin hemos llegado a Shibuya, la hemos recorrido calle a calle, para conocerla un poco mejor, pero como hemos andando tanto, y mañana volvemos a tener clase, nos hemos retirado a tiempo (en tren esta vez).
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Algunas cosillas que hemos visto durante el paseo (demostrando que en Tokio hay de todo): una emisión de televisión en directo, un restaurante mejicano, unas máquinas de bebidas vacías y sin estrenar, pelos de todos los colores (incluido el rosita), un rocodromo, la tienda oficial de Disney...
domingo, 16 de agosto de 2009
16/08/2009 – Agotador
Tras un día intenso como el de ayer, largo y con más deporte del acostumbrado la mañana del domingo nos la tomamos con calma. Tanta calma, que hasta nos llaman de la recepción del hotel preguntando si nos harán la habitación. Como ayer fuimos nosotros los que nos esforzamos, hoy vamos a ver como son de brutos los japoneses. Por fin, a media mañana vamos a ver el festival “Fukagawa Shinmei”, que pese a lo que cualquiera podría pensar, no se celebra en el barrio que le da nombre, sino en Morishita.
El festival no es más que la demostración de fuerza de 12 templos. Por tres días toman las calles de Morishita portando sus templetes (que sacan para la ocasión). Una vez cada tres años toca el festival más importante, más tiempo, más bruto, y coincide que es este año, así que cuando pasamos el domingo pasado por la oficina de turismo del ayuntamiento con el Chibitour, aproveche para preguntar las horas más importantes.
Todos los grupos tienen que pasar por una ruta preestablecida, de manera que las calles se van cortando conforme avanzan, pero no lo hacen al tiempo, repartiéndose desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde el recorrido. La ruta tiene un punto de importancia frente uno de los templos (quizás sean más, pero como todo estaba repartido por cualquier calle ha sido difícil de seguirles el ritmo si queríamos ver a todos los grupos). Básicamente, se ponen delante y gritan mientras saltan cargando los templetes. Menudo cansancio sólo de verlos.
La historia del festival dice que los porteadores deben ser rociados con agua para ser purificados. Así que os podéis imaginar, allá por donde van, algún vecino, konbini, restaurante o lo que sea, saca la manguera, cubos, etc, para remojarlos.
Ha sido muy bruto ver como mueven entre todos y bajo un calor intenso esos templetes. Pero cada grupo lleva una comitiva detrás avituallándoles, e incluso a nosotros que no estábamos cargando más que con las cámaras nos han invitado a tomar te fresquito. Esta gente es fenomenal.
Finalmente, hemos comido algo tarde y nos hemos vuelto al hotel. Gorka ha salido a conocer personalmente a una japonesa que estudia castellano (tanto aprender kanjis, ahora tiene ganas por fin de hablar en japonés y pasar de la lectura), mientras que yo me he quedado viendo un par de películas en la televisión (entre ellas Transporter 2), echando una siestecilla y actualizando el blog. En fin, a ver si termina el anime que están dando y me voy a dormir, que mañana hay academia, y ya son las 11 de la noche.
El festival no es más que la demostración de fuerza de 12 templos. Por tres días toman las calles de Morishita portando sus templetes (que sacan para la ocasión). Una vez cada tres años toca el festival más importante, más tiempo, más bruto, y coincide que es este año, así que cuando pasamos el domingo pasado por la oficina de turismo del ayuntamiento con el Chibitour, aproveche para preguntar las horas más importantes.
Todos los grupos tienen que pasar por una ruta preestablecida, de manera que las calles se van cortando conforme avanzan, pero no lo hacen al tiempo, repartiéndose desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde el recorrido. La ruta tiene un punto de importancia frente uno de los templos (quizás sean más, pero como todo estaba repartido por cualquier calle ha sido difícil de seguirles el ritmo si queríamos ver a todos los grupos). Básicamente, se ponen delante y gritan mientras saltan cargando los templetes. Menudo cansancio sólo de verlos.
La historia del festival dice que los porteadores deben ser rociados con agua para ser purificados. Así que os podéis imaginar, allá por donde van, algún vecino, konbini, restaurante o lo que sea, saca la manguera, cubos, etc, para remojarlos.
Ha sido muy bruto ver como mueven entre todos y bajo un calor intenso esos templetes. Pero cada grupo lleva una comitiva detrás avituallándoles, e incluso a nosotros que no estábamos cargando más que con las cámaras nos han invitado a tomar te fresquito. Esta gente es fenomenal.
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Finalmente, hemos comido algo tarde y nos hemos vuelto al hotel. Gorka ha salido a conocer personalmente a una japonesa que estudia castellano (tanto aprender kanjis, ahora tiene ganas por fin de hablar en japonés y pasar de la lectura), mientras que yo me he quedado viendo un par de películas en la televisión (entre ellas Transporter 2), echando una siestecilla y actualizando el blog. En fin, a ver si termina el anime que están dando y me voy a dormir, que mañana hay academia, y ya son las 11 de la noche.
14/08/2009 – Por fin Ueno
Como el viernes pasado, también nos toca repaso en la academia. La verdad es que necesitaría dar clases también por las tardes para sentir realmente que estoy en un intensivo. Vamos bien, pero las pausas hasta el día siguiente (y encima hablando en inglés) no terminan de ayudar a mi estudio del japonés. Aidin decía el otro día, que teníamos que buscarnos unas chicas, para seguir conversando por las tardes. No le falta razón, pero no estoy interesado en una relación así por el momento.
Algunos compañeros se han apuntado a “caligrafía” por la tarde (una de las tantas actividades que organiza la academia como intercambio cultural), así que terminamos “comiendo” en un Coreano. Y entre comillo comiendo, por que la ración es más bien escasa para uno de Bilbao. Pero bueno, el objetivo lo cumplo, que era probar en algún momento del viaje esos restaurantes. Hay que tener en cuenta que vivimos en el medio de dos mundos. Nuestro hotel está entre la zona de clubes nocturnos (Kabukicho, donde cada vez que pasamos nos persiguen para que entremos a sus locales de chicas), y al otro lado, el barrio coreano (con restaurantes, tiendas, música…)
Como los tres mosqueteros, Aidin se une a explorar el parque de Ueno. No tenemos intención de entrar en sus museos ni el zoo, pero si darnos un paseo como el lunes, pero esta vez cambiando las calles de Shinjuku, por los jardines del parque. Hay que decir que es un parque enorme, y cada poco tiene carteles indicando donde estamos, y sobre todo donde están las cosas para visitar. Creo que contiene un total de cinco museos, un zoo, un lago con pedalos, y un escenario para funciones.
Para mí ya es todo un milagro llegar al parque. Es algo que he intentado en los tres viajes anteriores, pero nunca había logrado… por fin, estoy dentro. Hay mucha gente paseando, niños, parejas, abueletes, extranjeros, pero sobre todo japoneses de fuera de Tokyo atraídos por los museos del parque. No es el único sitio donde nos los hemos encontrado… ¿Qué? ¿Qué como sabemos que un japonés no es de Tokyo? Pues fácil, por el idioma que habla, y el mapa que lleva en la mano.
Pero en este parque hay más cosas, como gatos, cuervos, animación callejera, gente haciendo deporte (además de correr, que es lo que uno se esperaría, tienen un campo de béisbol), varios templos sintoístas… La verdad es que incluso nos planteamos la opción de dar una vueltita en un bote de remos (la única opción siendo tres personas), pero por ahora nos gusta más andar y teníamos mucho parque por delante. Incluso en el escenario para funciones había unos conciertos, de varios grupos, pero como era de pago, tampoco entramos (sólo nos asomamos y no es que tuvieran mucho éxito).
En fin, que dedicamos toda la tarde a recorrer el parque y marcar los lugares de más interés, por si volviésemos en algún momento a ver el museo de arte, el zoo, o a los patitos. En mi opinión, un lugar muy recomendable para dar un largo paseo y ver de paso un poco de todo.
Os dejo un pequeño video de los acróbatas que estaban el viernes en el parque animando el ambiente. Nos dieron una sesión muy interesante.
Algunos compañeros se han apuntado a “caligrafía” por la tarde (una de las tantas actividades que organiza la academia como intercambio cultural), así que terminamos “comiendo” en un Coreano. Y entre comillo comiendo, por que la ración es más bien escasa para uno de Bilbao. Pero bueno, el objetivo lo cumplo, que era probar en algún momento del viaje esos restaurantes. Hay que tener en cuenta que vivimos en el medio de dos mundos. Nuestro hotel está entre la zona de clubes nocturnos (Kabukicho, donde cada vez que pasamos nos persiguen para que entremos a sus locales de chicas), y al otro lado, el barrio coreano (con restaurantes, tiendas, música…)
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Como los tres mosqueteros, Aidin se une a explorar el parque de Ueno. No tenemos intención de entrar en sus museos ni el zoo, pero si darnos un paseo como el lunes, pero esta vez cambiando las calles de Shinjuku, por los jardines del parque. Hay que decir que es un parque enorme, y cada poco tiene carteles indicando donde estamos, y sobre todo donde están las cosas para visitar. Creo que contiene un total de cinco museos, un zoo, un lago con pedalos, y un escenario para funciones.
Para mí ya es todo un milagro llegar al parque. Es algo que he intentado en los tres viajes anteriores, pero nunca había logrado… por fin, estoy dentro. Hay mucha gente paseando, niños, parejas, abueletes, extranjeros, pero sobre todo japoneses de fuera de Tokyo atraídos por los museos del parque. No es el único sitio donde nos los hemos encontrado… ¿Qué? ¿Qué como sabemos que un japonés no es de Tokyo? Pues fácil, por el idioma que habla, y el mapa que lleva en la mano.
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Pero en este parque hay más cosas, como gatos, cuervos, animación callejera, gente haciendo deporte (además de correr, que es lo que uno se esperaría, tienen un campo de béisbol), varios templos sintoístas… La verdad es que incluso nos planteamos la opción de dar una vueltita en un bote de remos (la única opción siendo tres personas), pero por ahora nos gusta más andar y teníamos mucho parque por delante. Incluso en el escenario para funciones había unos conciertos, de varios grupos, pero como era de pago, tampoco entramos (sólo nos asomamos y no es que tuvieran mucho éxito).
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En fin, que dedicamos toda la tarde a recorrer el parque y marcar los lugares de más interés, por si volviésemos en algún momento a ver el museo de arte, el zoo, o a los patitos. En mi opinión, un lugar muy recomendable para dar un largo paseo y ver de paso un poco de todo.
Os dejo un pequeño video de los acróbatas que estaban el viernes en el parque animando el ambiente. Nos dieron una sesión muy interesante.
13/08/2009 – De vuelta por Akihabara
Por fin sin terremotos, la mañana empieza normalmente. A Pieru-san le toca en la lección de hoy irse a un restaurante. A nosotros nos traen unas bolsas de snacks para explicar conceptos como “salado”, “picante”…
Después de comer, Aidin nos acompaña a Gorka y a mí de paseo por Akihabara. Gorka está buscando algunos juegos, y yo he optado por el hardware que es menos habitual (o más caro) en España. Después se nos une el chico servio, que ha tenido que ir a la embajada (madre mía que controlado le tienen a este, incluso le han dado un móvil japonés, igualito que a nosotros, nótese la ironía). Paseíto, visita a un konbini a media tarde (que primero tuvimos que buscar, porque en el centro de Akihabara no los hay), y le dejamos a Gorka comprando más juegos, mientras el resto nos volvemos a nuestros respectivos alojamientos. Yo claramente cargado, con dos tarjetas PCI, una dock station para discos duros internos doble, otro disco duro de 1TB para mi colección (coño, están más baratos, y encima tenía descuento comprando la dock) y si … un juego. Con esto, lo comprado en Ueno el otro día, los libros de la semana pasada, y las dos ampliaciones del wii mote que me pillé, ya tengo para más que una caja de correos.
Pese a todo, mis compras del día no terminan con la carga que llevo, y cuando vuelvo a Shinjuku, me paso por una tienda de música que tenía fichada. Hitomi Shimatani ha sacado un doble recopilatorio, que además incluye un DVD con varios videoclips, así que voy a buscarlo. Ya lo tenía localizado por Internet, así que sabía el precio oficial, pero claro, imaginaros entrar en la sección de CDs del corte inglés, o del Carrefour… grande ¿no? Mogollón de artistas y títulos… Bien, ahora buscad algo pero en japonés, y con kanjis, para morirse. Pues nada, tenía dos opciones, buscarlo a pelo, o preguntar por él (que previamente lo había escrito en un papel, hay que ser previsor). Opto por preguntar, pero primero le voy a dar una pasada mirando (hay portadas la mar de graciosas, y otras con chicas estupendas). Cuando ya iba camino de la caja, me topo de frente con el pack que estoy buscando (ya he dicho que lo había visto primero en Internet, así que tenía aprendida hasta la apariencia de la portada).
Menudo día de gastos… no me extraña que el resto del año no quiera yo ir de compras. Tengo que ahorrar para comprarme las cosas aquí.
Después de comer, Aidin nos acompaña a Gorka y a mí de paseo por Akihabara. Gorka está buscando algunos juegos, y yo he optado por el hardware que es menos habitual (o más caro) en España. Después se nos une el chico servio, que ha tenido que ir a la embajada (madre mía que controlado le tienen a este, incluso le han dado un móvil japonés, igualito que a nosotros, nótese la ironía). Paseíto, visita a un konbini a media tarde (que primero tuvimos que buscar, porque en el centro de Akihabara no los hay), y le dejamos a Gorka comprando más juegos, mientras el resto nos volvemos a nuestros respectivos alojamientos. Yo claramente cargado, con dos tarjetas PCI, una dock station para discos duros internos doble, otro disco duro de 1TB para mi colección (coño, están más baratos, y encima tenía descuento comprando la dock) y si … un juego. Con esto, lo comprado en Ueno el otro día, los libros de la semana pasada, y las dos ampliaciones del wii mote que me pillé, ya tengo para más que una caja de correos.
Pese a todo, mis compras del día no terminan con la carga que llevo, y cuando vuelvo a Shinjuku, me paso por una tienda de música que tenía fichada. Hitomi Shimatani ha sacado un doble recopilatorio, que además incluye un DVD con varios videoclips, así que voy a buscarlo. Ya lo tenía localizado por Internet, así que sabía el precio oficial, pero claro, imaginaros entrar en la sección de CDs del corte inglés, o del Carrefour… grande ¿no? Mogollón de artistas y títulos… Bien, ahora buscad algo pero en japonés, y con kanjis, para morirse. Pues nada, tenía dos opciones, buscarlo a pelo, o preguntar por él (que previamente lo había escrito en un papel, hay que ser previsor). Opto por preguntar, pero primero le voy a dar una pasada mirando (hay portadas la mar de graciosas, y otras con chicas estupendas). Cuando ya iba camino de la caja, me topo de frente con el pack que estoy buscando (ya he dicho que lo había visto primero en Internet, así que tenía aprendida hasta la apariencia de la portada).
Menudo día de gastos… no me extraña que el resto del año no quiera yo ir de compras. Tengo que ahorrar para comprarme las cosas aquí.
12/08/2009 – A nuestra bola
Es miércoles y la jornada empieza antes de lo previsto, anticipo de que el día va a salir como a él le de la gana. De hecho, no tengo ninguna foto. ¿Y porque digo que el día empieza antes de lo previsto? Pues fácil, por que toca otro terremoto, esta vez a las 8 am.
Vamos a ver, para entendernos, los terremotos son algo muy serio. Sobre todo si su epicentro está cerca. Pero poco se puede hacer durante las decenas de segundo que dura uno para evitar una catástrofe, sobre todo si estás durmiendo. Despierto y alerta podrías meterte en el baño, o junto a una pared maestra, o bajo la mesa, alejarte de los cristales, etc. Así que ahí me tenéis, nuevamente en la batidora en la que se convierte mi cama por un momento. Este ha pillado algo más lejos y menos potente, pero el saldo de esta oleada de movimientos sísmicos asusta. Casi una veintena de muertos, carreteras y casas destruidas, etc. Y si lo enlazamos con el tifón que ha atravesado Shizuoka (la cuarta isla en importancia de Japón) pues la cosa empeora, con un centenar de desaparecidos. No me extraña que desde España alguno estuviera preocupado, gracias. Pero como digo, en Tokyo no hemos tenido ningún problema, salvo las leves sacudidas que no han pasado de lo anecdótico. Esta experiencia ha servido para que en la academia aprendiésemos vocabulario nuevo y de paso nos diesen un cursillo acelerado de “cómo reaccionar ante un terremoto”.
Centrándome de nuevo en el día, llegamos a la academia y me falla el compañero. La complicidad con mi amigo turco por este día se desvanece y me tengo que apañar con Kimura-san, una estudiante de universidad que está de prácticas desde el lunes en nuestro grupo. Va tomando sus apuntes y prestando especial atención a cómo las profesoras (que van cambiando para cada día, entre cuatro diferentes) nos explican las cosas (jodido hacerlo en japonés con nuestro nivel tan bajo). Conforme ha sido necesario, se ha implicado como otro alumno más, y hoy la toca conmigo varias veces.
Tras la clase nos volvemos un grupillo vuelve a organizarse y volvemos a ir al restaurante de okonomiyaki. Mira que me va gustando este plato. Llena como dos, pero al llevar tanta verdura, no pesa en el estomago, es genial. Después, la tarde nos la tomamos Gorka y yo a nuestro ritmo. Primero dejamos las cosas en el hotel, y tras un vistazo al email, nos vamos de paseo, pero como andamos con falta de ganas para ir lejos y además se nos ha hecho tarde para aprovechar la tarde en ningún sitio que vallamos, decidimos quedarnos por la zona.
Con la lista de tareas pendientes en la mano, nos vamos al Yodobashi Camera a buscar un maletín para el nuevo portátil de Gorka, y aprovechamos a recorrérnoslo entero. Yo he terminado por coger un par de extensiones para Wii mote (están unos 10 euros más baratos que en España). Lastima que el juego japonés no lo pueda jugar en casa (porque también está más barato). No sabía que Nintendo hubiera sacado una Wii en negro, con sus mandos y todo, claro. En fin, que nos damos un paseo y compramos alguna cosilla. Lo que viene siendo una tarde tranquila.c
Vamos a ver, para entendernos, los terremotos son algo muy serio. Sobre todo si su epicentro está cerca. Pero poco se puede hacer durante las decenas de segundo que dura uno para evitar una catástrofe, sobre todo si estás durmiendo. Despierto y alerta podrías meterte en el baño, o junto a una pared maestra, o bajo la mesa, alejarte de los cristales, etc. Así que ahí me tenéis, nuevamente en la batidora en la que se convierte mi cama por un momento. Este ha pillado algo más lejos y menos potente, pero el saldo de esta oleada de movimientos sísmicos asusta. Casi una veintena de muertos, carreteras y casas destruidas, etc. Y si lo enlazamos con el tifón que ha atravesado Shizuoka (la cuarta isla en importancia de Japón) pues la cosa empeora, con un centenar de desaparecidos. No me extraña que desde España alguno estuviera preocupado, gracias. Pero como digo, en Tokyo no hemos tenido ningún problema, salvo las leves sacudidas que no han pasado de lo anecdótico. Esta experiencia ha servido para que en la academia aprendiésemos vocabulario nuevo y de paso nos diesen un cursillo acelerado de “cómo reaccionar ante un terremoto”.
Centrándome de nuevo en el día, llegamos a la academia y me falla el compañero. La complicidad con mi amigo turco por este día se desvanece y me tengo que apañar con Kimura-san, una estudiante de universidad que está de prácticas desde el lunes en nuestro grupo. Va tomando sus apuntes y prestando especial atención a cómo las profesoras (que van cambiando para cada día, entre cuatro diferentes) nos explican las cosas (jodido hacerlo en japonés con nuestro nivel tan bajo). Conforme ha sido necesario, se ha implicado como otro alumno más, y hoy la toca conmigo varias veces.
Tras la clase nos volvemos un grupillo vuelve a organizarse y volvemos a ir al restaurante de okonomiyaki. Mira que me va gustando este plato. Llena como dos, pero al llevar tanta verdura, no pesa en el estomago, es genial. Después, la tarde nos la tomamos Gorka y yo a nuestro ritmo. Primero dejamos las cosas en el hotel, y tras un vistazo al email, nos vamos de paseo, pero como andamos con falta de ganas para ir lejos y además se nos ha hecho tarde para aprovechar la tarde en ningún sitio que vallamos, decidimos quedarnos por la zona.
Con la lista de tareas pendientes en la mano, nos vamos al Yodobashi Camera a buscar un maletín para el nuevo portátil de Gorka, y aprovechamos a recorrérnoslo entero. Yo he terminado por coger un par de extensiones para Wii mote (están unos 10 euros más baratos que en España). Lastima que el juego japonés no lo pueda jugar en casa (porque también está más barato). No sabía que Nintendo hubiera sacado una Wii en negro, con sus mandos y todo, claro. En fin, que nos damos un paseo y compramos alguna cosilla. Lo que viene siendo una tarde tranquila.c
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