viernes, 10 de septiembre de 2010

19/08/2010 – Sendai y Aomori

De nuevo a primera hora cierro el capítulo de Matsushima. Resulta que he pagado más la primera noche por una minúscula pero suficiente habitación, que la segunda por una diseñada para toda una familia. Supongo que los fuegos artificiales han tenido que ver en esto, pero qué más da… Hoy toca ir hasta Aomori, la prefectura más al norte, justo antes de saltar a Hokkaido.

Antes que eso, para aprovechar los tiempos entre check-out y check-in de los dos hoteles, me he dejado tiempo para ver Sendai. No lo tenía claro, pero hace dos días, al hacer el transbordo me acerqué al puesto de información turística y me convencieron. Así que aquí me he plantado, comprando el típico billete de autobús turístico para darme literalmente una vuelta por la ciudad.

Lo bueno de estos autobuses es que pasan por todos los sitios teóricamente interesantes, y que sólo los pagas una vez, mientras que puedes usarlos tantas veces como te venga en gana. No sé como saldrá en España, pero aquí bien planificados pueden suponer un chollo incluso para los locales.

Con las mochilas en una taquilla de la estación, y sin lluvia que moleste, hoy tampoco me reprimo. Cuestas y caminatas para ver lo que me ha recomendado la muchacha de la oficina de turismo. No me va a dar tiempo de más.

La primera parada, el mausoleo de la familia que dominó esta región durante varias generaciones. Otro tanto de historia desde abuelos hasta tataranietos, aprovechando el descubrimiento de las tumbas y su reconstrucción tras la segunda guerra mundial, han edificado un mini museo, que no destaca entre el resto del complejo (parece que para variar alguien ha usado la cabeza para algo más que no sólo llevar las gafas).

La segunda parada es el museo de la ciudad, pero que expongan unas reliquias Incas precolombinas no entra dentro de mis previsiones, así que opto por andar hasta el siguiente punto de interés, la zona del castillo. Y digo bien… “la zona”, porque del castillo ni rastro. Sólo otro museo con maquetas, sistemas multimedia y por supuesto muchas tiendas. Aquí lo más reseñable son las vistas que desde la colina se pueden ver de la ciudad. Al fondo, parece que estén construyendo un Buda gigante como el de Ushiku, tendré que informarme.

De vuelta al autobús, la cuarta parada es un templo. Como estamos fuera de las rutas turísticas, se puede visitar tranquilamente, y los trabajos que lo preparan para alguna fiesta no molestan a los cuatro que estamos.

He decidido hacer una última parada y comer antes de coger el tren rumbo a Aomori. Así que justo antes de la estación me bajo para recorrer un par de calles y hacer la escala de intendencia correspondiente.

Una cosa que me sorprende es que el Shinkansen aún no llegue hasta allí. Tengo que hacer transbordo a un tren “express” con más años que Maricastaña. Pero la verdad es que están en ello. De hecho, Aomori está llena de carteles anunciando la finalización de las obras y la inminente puesta en servicio de la nueva línea de tren. Se han inventado una nueva estación “Shin-Aomori” para atender este servicio, que además parece llegará hasta Hokkaido sustituyendo también ese tren. No sé si habéis visto por ahí los diferentes modelos de tren bala japonés, pero cada región tiene los suyos. Aunque todos se parezcan, los que llevan a Pikachu y compañía decorando el exterior, o tienen dos pisos, son sólo para esta zona del norte de Honshu, y en breve se les incorporará el modelo verde que han probado aún más rápido que los Nozomi que unen Tokio con Osaka.

Para los siguientes tres días me alojaré en un Toyoko-Inn, de modo que sigo acumulando puntos. Un ratito de relax, y el inevitable paseo para cenar algo. Hoy me he decidido por el tekkadon, el bol de arroz cubierto con atún rojo. Desde que lo probase el anteúltimo día de mi viaje del año pasado con Aidin, no dejo de buscarlo cada cierto poco tiempo. Ahora nadie podrá decirme que siempre término comiendo carne…

Hoy también tengo una anécdota del todo diferente para contar. En el restaurante, durante la cena, un jefe y su empleado estaban cenando en la barra. Como yo iba sólo no tenía sentido ocupar una mesa (y tener que descalzarme para sentarme tradicionalmente en el suelo) así que me senté a su lado. Por supuesto, yo era el punto de interés de bar pero me sorprendió que inmediatamente (sin duda animado por la cerveza) aquel jefe que parecía llevar un rato animando la cena de todos los presentes (menos mal que no era un local grande) se dirigió a mí. ¿Americano? ¿Canadiense? ¿De dónde eres? Empezó preguntando en japonés, mezclado con inglés, como con ganas de practicar y unirme al show que tenía montado. Menudo chasco se llevó con eso de que era español, ese idioma no lo tenía dominado, pero se repuso enseguida y siguió en sus trece… En fin, que no sé cómo, pero terminó invitándome a cenar para que viese que la gente de Aomori son tan buenos anfitriones como cualquiera. Iba a tener que volver…

3 comentarios:

david dijo...

En general no es una política tan mala eso de invitar a cenar, se aseguran que siempre que puedas vayas allí.
Pero a un turista extranjero que no es previsible que haga allí un solo día más eso no es visión de negocio, es generosidad sincera... MUCHO mérito

Afaldar dijo...

Sería negocio si me hubiese invitado el dueño, pero eran dos clientes!!!

Esta gente es diferente, si te lo digo yo.

Sergio Formoso dijo...

Cuando yo estuve ya estaba el Shinkansen hasta Shin-Aomori, que gozada, en apenas unas horas te haces 600 km desde Tokio.

Ahora el siguiente paso es llegar a Sapporo... será un adelanto pero, la verdad, es que viajar en los otros trenes tiene más encanto.