domingo, 15 de agosto de 2010

07/08/2010 – ¿Día libre?

Eso de “libre” hay que explicarlo. Esto significa que el grupo no tiene programada ninguna excursión oficial, pero que yo, en el hipotético caso de que una sucesión determinada X de estrellas y planetas se alineasen en el momento exacto en el que un fenómeno adicional Y sucediese, a lo mejor, tendría el día también libre de tareas… O sea, a pringar un poco más, que para eso me han pagado el viaje.

Hoy toca enviar las maletas de Tokio a Kyoto. Fuera de lo habitual, la gente cumple rigurosamente (incluso se adelantan) con el horario establecido, y todo se desarrolla como debe. Mini punto para ellos.

Segundo, vamos a la estación por tercera vez para cambiar los JRP de las cinco últimas personas en llegar, y sacarles billetes. De paso, sacar alguno más para quienes volverán por libre de Nagoya a Tokio el día 14 (su último día de bono).

Para comer, vuelvo a Shinjuku, a uno de los locales de Okonomiyaki que descubrí el año pasado con Gorka y Aidin. Por supuesto, no voy sólo. Son varios los que se apuntan y primero nos damos un paseo por Kabukicho para que sitúen el lugar y calculen sus posibilidades nocturnas, ahora que esta “tranquilo”. También jugamos un rato en la Taito Station frente al restaurante antes de comer, pero finalmente, se impone un regreso al hotel para dormitar la siesta un rato. Yo estoy realmente agotado, pero antes de nada me debo a la obligación una vez más y le dedico un rato largo a responder emails en el hall del Edoya.

Cuando creo tenerlo todo atado, subo a por esa siesta. Hoy, el Edoya me ha vuelto a sorprender. Esta vez, en vez de cambiarme de habitación me han dejado en la calle. Esto es, de repente, no tengo hueco porque el hotel está completo. No se de que valen entonces las reservas en este sitio… He apañado una alternativa a buscarme otro hotel (lo que habría sido realmente el colmo) realojándome con Pedro y Antonio (402), dos de los viajeros del grupo. Desde mi punto de vista es el colmo de un hotel o de un tour, pero ya aquí no puedo sorprenderme más.

Bueno, yo pensaba que no podría sorprenderme más, pero mi siesta de repente se trunca con una llamada de Sergio. La pareja de recién casados que ha estado con el grupo varios días, ahora está en Miyajima alojada, en sus dos noches de luna de miel no compartidas. Dos días que pretenden ser románticos en una islita tranquila se han convertido en un infierno. Resulta que el sitio (caro) en el que están está sucio, lleno de moho, con bichos, sin baño privado… Toda una joya. Así que me paso el siguiente rato llamando y organizando “algo”. Como me jodió esa llamada. De qué mala ostia me puse. Además de por ellos, de su susto, porque a mi es un lugar que me encanta y que claro, ahora no recordaran con el agrado que debían.

Unas llamadas más tarde tengo la solución. Como cancelaron Kyoto y no lo han visto. Como estaban muy contentos con el grupo, y nosotros iremos. Les propongo reunirse con nosotros y pasar la noche todos. Akira me confirma que se puede hacer el cambio (he usado a Megumi para explicarle todo correctamente y evitar enfados si hubiera algún mal entendido, el pobre no tiene la culpa de nada, pero me hacía falta, e incluso hablo con Jose, el marido de la guía, para que todo quede cristalino). A ellos les devolverán el dinero de la segunda noche con la que pagar esta nueva reserva y bueno, todos contentos no, pero por lo menos, menos traumatizados. Eso si, tendrán que quedarse una noche allí…

De japon2010De japon2010

Sin siesta digna, nos reunimos unos cuantos para ir a cenar. El día ha sido de todo menos “normal” y yo necesito dormir, pero aún no toca. Eso sí, para compensar, me meto 20 piezas de sushi entre pecho y espalda. De nuevo en el hotel, un pelín de palique y caigo en los brazos de Morpheo en seguida. Mañana será otro día duro también, con muchos kilómetros de tren :-S

1 comentario:

david dijo...

Qué importante es leer comentarios de hoteles cuando se va a lejos y asegurarse de que el hotel al que vas alguien de cierta confianza lo recomienda o al menos lo recomiendan muchos anónimos.