domingo, 15 de agosto de 2010

06/08/2010 – Monte, lago y piscina

Un nuevo día tempranero se inicia con tan variopinto grupo de chibituristas de camino al Fuji. Las dos veces que he estado con anterioridad tuve la suerte de pillar a tan orgulloso símbolo nipón despejado y presto para la foto. Pero hoy, tras las más de dos horas de viaje, algo falla. Debemos tener algún cenizo en el grupo, porque no es la primera, ni será la última ocasión en que la suerte nos deje de lado en este viaje. El Fuji se esconde tras una fina sábana blanca y la foto de grupo se desvirtúa. Una autentica pena.

Megumi, nuestra guía tokiota, sugiere que pasada la neblina durante el ascenso a la 5ª estación (tanto como dejan subir a los vehículos) se verá el pico. Pero también eso se malogra. Cuando llegamos arriba, todo está lleno de montañeros que esperan sus autobuses para bajar, tras pasar toda la noche subiendo a la cima para ver el amanecer. Poco más allá de nuestros morros, no se ve nada. Justo las tiendas, aunque alguno consigue sacar una foto a alguno de los lagos que se deberían ver más abajo.

De japon2010

Psicológicamente abatidos por el infortunio, el autobús vuelve a ponerse en marcha para ir a comer a la región de Hakone, como suele ser habitual en esa ruta, y el monte se despide dejándonos ver otra de sus caras parcialmente mientras lo rodeamos camino de la autopista…

Yo disfruto del paseo y de sus vistas. Además, aprovecho para comprarme un detalle tradicional de esta región, que en las visitas anteriores me negué, y ahora se en que emplearé. El raro objeto en cuestión es una caja secreta, que se cierra sin llave, en la que guardar una copia de las llaves de la futura casa que planeo comprarme, y que dejaré en casa de mis padres.

De japon2010

Así por tanto, la tercera etapa (ya tras la comida) es un ferry, desde el que ver la belleza natural de la región. Junto con Nikko, esto será de lo mejorcito en vistas, con los respetos de Miyajima (que es costero y no está en la misma categoría) y a falta de ver lugares como Takayama-Shirakawago.

La cuarta etapa del día es el parque acuático Yunessun. Que si bien resulta curioso, este año no ha ganado la devoción del grupo. Hay mucha gente, y todas las piscinas están sensiblemente calientes. Este último dato es importante porque todos eran conscientes de que la parte del balneario lo estaría, pero esperaban que la zona de toboganes no.

Sin problemas de tráfico, no llegamos muy tarde de vuelta al hotel, y se pone en marcha un plan rumiado en el autobús… ¡karaoke multitudinario! Esto es, como somos demasiados, nos dividimos para cenar, y quedamos después en un sitio para dedicarle un rato al cante. Menos mal que no nos ve nadie, porque entre los gallos de voz, y que los japoneses llevan un ritmo más lento que el caribeño a la hora de servir las bebidas de la barra libre que hemos contratado, el ambiente se caldea y terminamos saliendo más tarde, sin pagar el exceso, para dar tiempo a bebernos lo que ha llegado, cuando por fin ha llegado. Menudo mosqueo. Moraleja, mejor pedir lo necesario, y dedicarse de verdad a cantar (el que le guste).

1 comentario:

david dijo...

MOLAN las cajas secretas esas, típico que en la peli de turno el personaje secundario la abre y dentro hay ago importante.

Que siga saliendo todo bien en el viaje. Salu3