martes, 24 de agosto de 2010

13/08/2010 – Shirakawago

Hoy no toca desayunar. En el templo han decidido no dar más desayunos (no me preguntéis el motivo) así que tomaremos algo en Shirakawa, nuestro destino de hoy. Como somos 17, finalmente hemos conseguido un autobús particular que nos acerque hasta allí. Creo que el chofer estaba tan asustado como yo. Hoy no tenemos ninguna guía, intérprete o coordinador japonés que nos acompañe y se ocupe de todo. Hoy estoy yo. No debe ser fácil plantearse llevar a un grupo de extranjeros que no te van a entender, o en mi caso, que el chofer me pueda plantear algún problema o duda que no tenga prevista. Pero la cosa empieza bien. Él busca a Kepa, y yo me ocupo de que estemos todos a la hora y en el sitio previsto. Las mochilas al maletero, para no dejar nada en la parte superior del autobús mientras vemos el pueblo.

El primer reto con el chofer llega cuando aparcamos. Él tiene apuntada una hora para la vuelta que quiere confirmar, y yo le dije a Akira ayer mismo que volveríamos más tarde debido a que no pudimos pillar ningún billete para el tren que nos indicaba. Así que entre su tabla, y mis billetes, recordándole que tardamos una hora en volver a la estación, el hombre entra en razón y nos entendemos.

Hoy no llueve, así que estamos de suerte. Y tampoco hace el calorazo de Tokio o Kyoto. Este valle mantiene un miniclima mejor en ese aspecto.

Mientras la gente desayuna un poco, yo me cargo de mapas e información. Tengo la ruta sugerida por Alessandra, pero me gusta ver las cosas por mí mismo. Reunidos de nuevo, confirmo con el grupo la hora de vuelta al autobús, y explico el plan del día. Primer objetivo, subir al mirador para ver el valle. El pueblo mantiene varias casas de construcción artesanal y tejados empinados tejidos con paja. Después Aless indicaba de ver tres de esas casas por dentro y después dar tiempo libre, pero yo lo cambio por dos visitas, el rato libre para comprar y comer, y un museo que recrea el pueblo en miniatura, con molino, herrería, fotos…

Yo consigo darme el lujazo de sentarme un rato en el mirador para admirar la vista. Es un reposo que me sienta muy bien, mientras los más lentos terminan de subir la cuesta. Nos hacemos un foto profesional de grupo con la estampa detrás que tendré que escanear y enviar a todos, y nos volvemos para abajo a ver esas casas por dentro.

Salvo la estructura interna de los tejados, o la propia distribución de una casa japonesa tradicional, las casa no tienen mucho más para ver, así que las han complementado con objetos de labranza de hace años, telares para la paja, viejos recuerdos de la familia y fotos de cuando los abuelos eran jóvenes. Además, nos dejan subir hasta lo más alto, donde secaban la seda, y una incluso tiene el fuego encendido, lo que nos permite salir ahumados del tejado y comprender como mantenían la paja seca pese a las nevadas.

Y aquí es donde comienza el trauma. Los más cosmopolitas no tardan mucho más en tachar la visita de terminada. No es la realidad de quienes nos gustan los pueblos tranquilos, la naturaleza y estamos aburridos de ver todos los días lo mismo (entendiendo que esto sólo lo hay aquí y por un día), pero yo no estoy en posición de hacer valer mis preferencias, estoy para acompañarlos. Y el resto no discute. Alguno que tenía muchas ganas de ver esto cede ante la mayoría, abrumado por su convicción, lamentando incluso que podría haberse equivocado al sugerir la visita. Sólo lamento que de este comentario me enteré más tarde.

Lo que si consigo es hacerles ver que aún queda la parte del museo que pretendíamos dejar para después (de mirar las tiendas esta gente pasa olímpicamente, no tienen nada moderno), y volver en mitad del momento de la comida es un error. Anoche casi nos quedamos sin cenar porque Takayama cierra todo en el horario japonés de las cosas. Así que nos quedamos un rato más para hacer esas dos cosas. Definitivamente volveremos antes, habrá que informar al chofer.

Los menos contentos con la decisión democrática se entretienen en el museo a cielo abierto, viendo todas sus estructuras con detenimiento. En mi opinión, es como debe verse un museo, pero algunos han optado por verlo a la carrera, y otros sencillamente se han sentado a esperar que salgamos. Nunca entenderé como se puede ser tan cerrado para ciertas cosas. Nadie obligaba a venir a la excursión, de hecho algunos se han quedado en Kyoto para verlo con más calma, por su cuenta. Y sin embargo, impiden disfrutar al resto, que si bien no se han quejado aún (y esto me molesta especialmente, de haberlo sabido las cosas se hubieran hecho de forma diferente) se sienten avasallados.

El chiste aún está por llegar. Para volver cuanto antes, algunos comen poco en un puestito junto al museo, mientras el resto (10 de 17) nos vamos a un restaurante a comer como Dios manda. Ni lentos, ni nada, sencillamente a comer como es de rigor. Y un rato más tarde algunos “se pasan” para comprobar que no estamos retrasando la vuelta a posta. Y eso si que fue motivo de risas entre varios.

Pero ese no fue el único chiste del día. Por fin de vuelta en Takayama, dos horas antes de lo previsto (una antes de lo inicialmente previsto) el grupo se separa para que cada cual pueda aprovechar el tiempo como prefiera, y mientras los que queríamos seguir en Shirakawago para ver más tranquilamente el sitio y darnos un paseo terminamos en una cafetería a la española, el resto tampoco hace nada por aprovechar el tiempo que demandaba. Como el perro del hortelano…

Esto no me vuelve a pasar, palabra. Hoy tenía que haber estado Yuriko conmigo para darme sus impresiones, y devolverme las críticas.

La noche en Nagoya es corta pero sigue cargada de humor, aunque eso queda para quienes estuvieran allí y pillasen el chiste. ¿Verdad Antonio?

4 comentarios:

david dijo...

más habitual de lo que debería eso de apuntarse a hace cosas que realmente no gustan y luego chafar a todos los demás que sí estaban a gusto.

Salu3

Francisco dijo...

Shirakawago es muy bonito y tranquilo, muy distinto a lo visto en las otras excursiones. Lástima de irnos antes de tiempo, porque el lugar daba para mucho más.

Ascensión dijo...

¿Ya has escaneado la foto que nos hizo un profesional al grupo para mandárnosla, y la del día del Monte Fuji?

Afaldar dijo...

Tengo la foto, y la tengo apartadita perfectamente colocada en mi escritorio de casa para que no se me olvide el tema, pero siempre tengo "algo" que hacer, y el escaner lo tiene mi hermano. A ver si este fin de semana coinciden los planetas y os la envío por email, que ya va siendo hora. GOMEN