lunes, 10 de mayo de 2010

02/04/2007 – ¡¡Feliz cumpleaños en Japón!!

Amanezco en la soledad del hotel, el día de mi vigésimo noveno cumpleaños. Ha y que ver lo que son las cosas… Habiendo nacido a las 15h, si tenemos en cuenta las 7 de diferencia horaria, por muy poco no tendría que haberlo celebrado al día siguiente. En fin, el plan del día es reunirme con las chicas en la estación, e ir a ver Kobe, donde Yuka nos hará de guía. Bien hasta ahí.

Desayunado y dispuesto, un mensaje al móvil me previene de que las chicas llegarán “un poco” más tarde. Pero nada me prepara para la imagen de sus caras cuando por fin nos reunimos. Y es que apenas habían dormido un pelín, y más parecían sonámbulas que personas. Empezamos bien… Menos mal que yo he dormido como un tronco, y no me pierdo. Un mapa, el pase del tren, y muchas ganas para ir tirando. Las chicas aprovechan cualquier escusa para dormitar, está claro que se han integrado a la perfección con las mejores tradiciones locales.

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Por fin en Kobe, la cosa se anima un poco. Es evidente que un viaje mecido por el tren es fulminante para cualquiera con cierta somnolencia (incluso sin ella) pero una vez en marcha, el paseo, la novedad del sitio, y cualquier comentario, revitalizan al más dormido. Y así pasamos la mañana. De un lado para otro, viendo uno de los primeros puertos que se abrió al exterior. Además de por su carne de vaca mimada para conseguir una altísima calidad, Kobe es una importante ciudad portuaria, con mucho transito extranjero y una importante comunidad plurinacional.

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Para comer, decidimos probar suerte en el barrio chino. Como en las películas americanas, el área está perfectamente delimitada con sus típicas puertas y ornamentos. Primero un paseo por sus callejuelas, y finalmente tentamos al destino en uno de los garitos (nada que ver con el super restaurante en el que estuve en Yokohama en 2006).

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Nos despedimos de Yuka, a quien ya no veremos hasta Tokio, dándola tiempo a ver a más amigos y familia. Nosotros, damos otro paseo por la zona de la estación e incluso tomamos a modo de merienda un heladito Häagen-Dazs (si, allí también tienen, y con sabores que aquí no hay). Jasone es la aventurera en eso de probar, mientras que yo opto por comparar, y me pillo mi “pinta habitual”… 500ml de vainilla con nueces de macadamia… que para frustración propia, resulta no saber igual, no tiene la misma intensidad. ¡Me han engañado! Eso no se hace el día del cumpleaños propio. Ya no puede darse uno un vicio en condiciones.

De vuelta en Kyoto, dejo que Jasone se muera en el hotel, y me lanzo a la calle para ver las flores del sakura con otra luz. En estas fechas tan especiales, el jardín del palacio imperial abre sus puertas por la noche. Los arboles son iluminados tenuemente para la ocasión, dando colores anaranjados aquí y allá. Además, organizan exhibiciones de música tradicional, y ponen algunos puestos con productos y dulces típicos en el patio principal. La verdad es que lo disfruté mucho, lástima que la cámara en modo nocturno fuera una mierda. Tanto que al ver las fotos en el portátil, decidí comprarme la que tengo actualmente… Tendré que volver para hacer mejores fotos, otra semana santa.

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Durante el paseo, mientras me hacía una de mis habituales auto-fotos, un japonés se me acercó para ofrecerse, y me sacó una foto con mi cámara. Por un momento creí que estaba haciendo algo mal, y es que no nos dijimos nada, el buen hombre no tendría ni idea de inglés, y no se le ocurrió hablar en japonés tampoco… Superado el susto inicial, compartimos un rato el paseo y nuestra pasión sacando fotos, indicándonos el uno al otro, sitios en que la luz se mostraba caprichosa. Sin duda, los jardineros le ponen empeño al poner las luces.

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Antes de salir, mientras picaba algo, escuchando la música del recial, me llamaron mis padres desde España para felicitarme el día. Aunque podría parecer sólo, no lo sentí en ningún momento, y fue genial.

3 comentarios:

david dijo...

Zorionak ;-)

Alvaro dijo...

enhorabuena.. me ha encantado tu post y lo cuentas todo tan bien que por un momento he estado en aquel jardin! yo tambien quiero ir a de visita a japon, espero poder hacerlo pronto..

un saludo!

Afaldar dijo...

@Alvaro, gracias, a ver si escribo más entradas, que ya toca. La verdad es que salí encantado de allí. Pese a entrar sólo, me dio la sensación de salir acompañado. La llamada de casa me hizo sentir muy bien, no tengo duda de que necesitaba compartir aquel momento.