Se nota que no estamos en Tokyo centro, hemos dejado atrás los grandes edificios, y hemos pasado a las arboledas que igualmente no dejan ver el Buda Gigante hasta estar casi debajo de él. La estatua en cuestión tiene el record Ginness, por ser la más grande, con 100 metros de altura, sobre una base que la eleva otros 20. En realidad es una construcción basada en un armazón de acero y moldeada en bronce que data de 1993.
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Superada la enormidad de la estatua, volvemos al suelo y sus flores. Los caminos perfectamente cuidados de acceso, y sus estanques ¡¡con peces devoradores de comida!! Al parecer los monjes han descubierto que es más rentable venderles la comida de las carpas a los turistas, y dejad en sus manos la alimentación de tan entrañables animalejos. El asunto está en que son enormes y gordos animales, que cualquier día saldrán al camino para exigir su ración. Los muy brutos, se esfuerzan incluso fuera del agua por comer su pienso y desde luego no sienten ningún temor por los humanos. ¿Quién necesita irse de pesca ante este panorama?
Volviendo al Buda Gigante, vamos para adentro, porque se puede entrar (ser tan grande deja mucho espacio). Nuevamente la capacidad mercantil de los monjes no tiene parangón. Luces suaves, fotos de la obra, souvenirs, ascensores (hasta el pecho de la estatua donde hay cuatro miradores), sitios de oración para que saquemos fotos a la decoración, más souvenirs… El dedo del pie en el que me apoyo, es un ejemplo del que está en el exterior, 160cm de tocho (aunque este no era de bronce).
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El sitio es bonito, bien cuidado, e impresionante, pero entre trenes, autobuses y la entrada, nos hemos dejado 4.000 yenes y cinco horas de transportes. El que sin duda ha sacado más provecho al viaje es Gorka, que ha encontrado una señora librería en el centro comercial junto a la estación en el que hemos comido. Y es que aquí no importa que sea domingo para abrir las tiendas. El negocio es el negocio.
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¡Ah! Por cierto, al final, si que nos ha llovido a partir de volver a Tokyo. Así que el truco sólo me ha servido un rato, no he podido evitar calarme los pies al venirme al hotel (el paraguas se abre y cierra solito, he flipado, y sólo por 1050 yenes).