Veo las dos fotos de este día, las dos únicas que saqué, y recuerdo perfectamente qué hice. Por donde estuve, como para no preocuparme de hacer más. Lo que no recuerdo es que excursión hizo el chibitour… ¿Qué donde estuve? Pues de compras, de relax, y de más compras. Mis estanterías dan fe.
Cada uno tiene sus rutinas, y sus tradiciones. Yo, después de cuatro viajes a Japón, puedo decir que me he impuesto un tanto exclusiva. Sea de una u otra forma, siempre termino pasando por Akihabara mirando, fisgando, seleccionando y comprando juegos hentai. Es lo que pasa cuando se colecciona algo, aunque no juegue tanto como cabría esperar. La suerte para mi es que las costumbres japonesas incluyen un amplio mercado de segunda mano, de modo que puedo comprar a precios muy razonables.
El momento “risas” lo viví con Jasone, quien sin ningún reparo me acompañó un buen rato del día… Y claro, algunos se sentían incómodos con una mujer en la tienda, mientras los dependientes se tronchaban de la escena. JAJAJAJA
El día cambió de intenciones, y terminó lloviendo, así que en previsión de eso, y dada la carga acumulada, yo hice una retirada estratégica al hotel con las compras de ambos justo a tiempo, mientras Jasone ponía a los frágiles japoneses en un apuro más explicito en...
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viernes, 21 de mayo de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
03/04/2007 – Ida a Tokyo. Odaiba y Karaoke (Chibitour)
Dicen los japoneses de sí mismos que son gente muy puntual. Es la primera cosa que nos dijo Megumi, la guía, en 2006… allí las excursiones siguen el horario japonés de las cosas, y no el español. Un claro intento de concienciarnos por ser puntuales a la hora de volver al autobús y seguir las rutas. Pero en seguida se puede apreciar que algo de verdad ahí en esas palabras. Escrupulosamente, los trenes son cronometrados, si llega a las 11:37, más te vale estar a las 11:36 en el andén, o lo perderás, porque a las 11:38 habrá pasado.
Con esa idea empezó nuestra mañana en Kyoto. El plan era sencillo, sólo teníamos que ir a Tokio, dejar las maletas en el hotel, comer algo, y llegar a la hora al Oedo Onsen Monogatari, donde nos reuniríamos con el Chibitour. La hora de la cita, las 17h.
La primera parte fue muy fácil, los 550 kilómetros que separan ambas ciudades quedaron en manos del experto maquinista de turno del Shinkansen. Después, la cosa se fue complicando. Y es que moverse con maletas nunca es fácil, y en Tokio, nada está al lado de nada… pasa cuando una ciudad es tan grande, en cuanto te despistas, tienes que ir dos barrios más allá. Pero bueno, todo es cuestión de coger el tren apropiado.
En el hotel, apareció la primera sorpresa en forma de durmiente rezagado de la excursión del día. Al parecer, se habían marchado sin él. No se había preocupado de levantarse a la hora, y su compañero de habitación había entendido que prefería quedarse durmiendo. Así que cuando por fin se levantó, se encontró abandonad, sólo y sin plan. Como nosotros íbamos a interceptar al grupo, se nos unió en cuanto nos descubrió en la recepción del hotel.
Pero antes de eso, dejamos las maletas y fuimos a comer algo. Después, volvimos al tren, e hicimos transbordo. Pese a todas las peripecias, y por increíble que parezca, llegamos EXACTAMENTE a la hora. Ni que decir, que Akira, el responsable de todo allí, flipó al vernos llegar cuando volvía de concertar la entrada del grupo… Justo a tiempo.
Nada mejor para perder la timidez, que juntarte con un grupo de gente a la que no conoces, en pelota picada… bueno, las chicas por otro lado… Por supuesto, cenamos en grupo, y muchos terminamos la noche en el Karaoke, aprovechando que la timidez de todos había quedado en el balneario. Imaginaros que risas. Me lo pasé genial, y no sería el único día.
Con esa idea empezó nuestra mañana en Kyoto. El plan era sencillo, sólo teníamos que ir a Tokio, dejar las maletas en el hotel, comer algo, y llegar a la hora al Oedo Onsen Monogatari, donde nos reuniríamos con el Chibitour. La hora de la cita, las 17h.
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En el hotel, apareció la primera sorpresa en forma de durmiente rezagado de la excursión del día. Al parecer, se habían marchado sin él. No se había preocupado de levantarse a la hora, y su compañero de habitación había entendido que prefería quedarse durmiendo. Así que cuando por fin se levantó, se encontró abandonad, sólo y sin plan. Como nosotros íbamos a interceptar al grupo, se nos unió en cuanto nos descubrió en la recepción del hotel.
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Nada mejor para perder la timidez, que juntarte con un grupo de gente a la que no conoces, en pelota picada… bueno, las chicas por otro lado… Por supuesto, cenamos en grupo, y muchos terminamos la noche en el Karaoke, aprovechando que la timidez de todos había quedado en el balneario. Imaginaros que risas. Me lo pasé genial, y no sería el único día.
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lunes, 10 de mayo de 2010
02/04/2007 – ¡¡Feliz cumpleaños en Japón!!
Amanezco en la soledad del hotel, el día de mi vigésimo noveno cumpleaños. Ha y que ver lo que son las cosas… Habiendo nacido a las 15h, si tenemos en cuenta las 7 de diferencia horaria, por muy poco no tendría que haberlo celebrado al día siguiente. En fin, el plan del día es reunirme con las chicas en la estación, e ir a ver Kobe, donde Yuka nos hará de guía. Bien hasta ahí.
Desayunado y dispuesto, un mensaje al móvil me previene de que las chicas llegarán “un poco” más tarde. Pero nada me prepara para la imagen de sus caras cuando por fin nos reunimos. Y es que apenas habían dormido un pelín, y más parecían sonámbulas que personas. Empezamos bien… Menos mal que yo he dormido como un tronco, y no me pierdo. Un mapa, el pase del tren, y muchas ganas para ir tirando. Las chicas aprovechan cualquier escusa para dormitar, está claro que se han integrado a la perfección con las mejores tradiciones locales.
Por fin en Kobe, la cosa se anima un poco. Es evidente que un viaje mecido por el tren es fulminante para cualquiera con cierta somnolencia (incluso sin ella) pero una vez en marcha, el paseo, la novedad del sitio, y cualquier comentario, revitalizan al más dormido. Y así pasamos la mañana. De un lado para otro, viendo uno de los primeros puertos que se abrió al exterior. Además de por su carne de vaca mimada para conseguir una altísima calidad, Kobe es una importante ciudad portuaria, con mucho transito extranjero y una importante comunidad plurinacional.
Para comer, decidimos probar suerte en el barrio chino. Como en las películas americanas, el área está perfectamente delimitada con sus típicas puertas y ornamentos. Primero un paseo por sus callejuelas, y finalmente tentamos al destino en uno de los garitos (nada que ver con el super restaurante en el que estuve en Yokohama en 2006).
Nos despedimos de Yuka, a quien ya no veremos hasta Tokio, dándola tiempo a ver a más amigos y familia. Nosotros, damos otro paseo por la zona de la estación e incluso tomamos a modo de merienda un heladito Häagen-Dazs (si, allí también tienen, y con sabores que aquí no hay). Jasone es la aventurera en eso de probar, mientras que yo opto por comparar, y me pillo mi “pinta habitual”… 500ml de vainilla con nueces de macadamia… que para frustración propia, resulta no saber igual, no tiene la misma intensidad. ¡Me han engañado! Eso no se hace el día del cumpleaños propio. Ya no puede darse uno un vicio en condiciones.
De vuelta en Kyoto, dejo que Jasone se muera en el hotel, y me lanzo a la calle para ver las flores del sakura con otra luz. En estas fechas tan especiales, el jardín del palacio imperial abre sus puertas por la noche. Los arboles son iluminados tenuemente para la ocasión, dando colores anaranjados aquí y allá. Además, organizan exhibiciones de música tradicional, y ponen algunos puestos con productos y dulces típicos en el patio principal. La verdad es que lo disfruté mucho, lástima que la cámara en modo nocturno fuera una mierda. Tanto que al ver las fotos en el portátil, decidí comprarme la que tengo actualmente… Tendré que volver para hacer mejores fotos, otra semana santa.
Durante el paseo, mientras me hacía una de mis habituales auto-fotos, un japonés se me acercó para ofrecerse, y me sacó una foto con mi cámara. Por un momento creí que estaba haciendo algo mal, y es que no nos dijimos nada, el buen hombre no tendría ni idea de inglés, y no se le ocurrió hablar en japonés tampoco… Superado el susto inicial, compartimos un rato el paseo y nuestra pasión sacando fotos, indicándonos el uno al otro, sitios en que la luz se mostraba caprichosa. Sin duda, los jardineros le ponen empeño al poner las luces.
Antes de salir, mientras picaba algo, escuchando la música del recial, me llamaron mis padres desde España para felicitarme el día. Aunque podría parecer sólo, no lo sentí en ningún momento, y fue genial.
Desayunado y dispuesto, un mensaje al móvil me previene de que las chicas llegarán “un poco” más tarde. Pero nada me prepara para la imagen de sus caras cuando por fin nos reunimos. Y es que apenas habían dormido un pelín, y más parecían sonámbulas que personas. Empezamos bien… Menos mal que yo he dormido como un tronco, y no me pierdo. Un mapa, el pase del tren, y muchas ganas para ir tirando. Las chicas aprovechan cualquier escusa para dormitar, está claro que se han integrado a la perfección con las mejores tradiciones locales.
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Por fin en Kobe, la cosa se anima un poco. Es evidente que un viaje mecido por el tren es fulminante para cualquiera con cierta somnolencia (incluso sin ella) pero una vez en marcha, el paseo, la novedad del sitio, y cualquier comentario, revitalizan al más dormido. Y así pasamos la mañana. De un lado para otro, viendo uno de los primeros puertos que se abrió al exterior. Además de por su carne de vaca mimada para conseguir una altísima calidad, Kobe es una importante ciudad portuaria, con mucho transito extranjero y una importante comunidad plurinacional.
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Para comer, decidimos probar suerte en el barrio chino. Como en las películas americanas, el área está perfectamente delimitada con sus típicas puertas y ornamentos. Primero un paseo por sus callejuelas, y finalmente tentamos al destino en uno de los garitos (nada que ver con el super restaurante en el que estuve en Yokohama en 2006).
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Nos despedimos de Yuka, a quien ya no veremos hasta Tokio, dándola tiempo a ver a más amigos y familia. Nosotros, damos otro paseo por la zona de la estación e incluso tomamos a modo de merienda un heladito Häagen-Dazs (si, allí también tienen, y con sabores que aquí no hay). Jasone es la aventurera en eso de probar, mientras que yo opto por comparar, y me pillo mi “pinta habitual”… 500ml de vainilla con nueces de macadamia… que para frustración propia, resulta no saber igual, no tiene la misma intensidad. ¡Me han engañado! Eso no se hace el día del cumpleaños propio. Ya no puede darse uno un vicio en condiciones.
De vuelta en Kyoto, dejo que Jasone se muera en el hotel, y me lanzo a la calle para ver las flores del sakura con otra luz. En estas fechas tan especiales, el jardín del palacio imperial abre sus puertas por la noche. Los arboles son iluminados tenuemente para la ocasión, dando colores anaranjados aquí y allá. Además, organizan exhibiciones de música tradicional, y ponen algunos puestos con productos y dulces típicos en el patio principal. La verdad es que lo disfruté mucho, lástima que la cámara en modo nocturno fuera una mierda. Tanto que al ver las fotos en el portátil, decidí comprarme la que tengo actualmente… Tendré que volver para hacer mejores fotos, otra semana santa.
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Durante el paseo, mientras me hacía una de mis habituales auto-fotos, un japonés se me acercó para ofrecerse, y me sacó una foto con mi cámara. Por un momento creí que estaba haciendo algo mal, y es que no nos dijimos nada, el buen hombre no tendría ni idea de inglés, y no se le ocurrió hablar en japonés tampoco… Superado el susto inicial, compartimos un rato el paseo y nuestra pasión sacando fotos, indicándonos el uno al otro, sitios en que la luz se mostraba caprichosa. Sin duda, los jardineros le ponen empeño al poner las luces.
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Antes de salir, mientras picaba algo, escuchando la música del recial, me llamaron mis padres desde España para felicitarme el día. Aunque podría parecer sólo, no lo sentí en ningún momento, y fue genial.
jueves, 25 de marzo de 2010
01/04/2007 – Día de mujeres…
Supongo que era algo que se veía venir. Estoy en Japón con Jasone, Yuka, y Tomoko (la amiga), así que mi inferioridad numérica, acompañada de que las tiendas de aquí no son "iguales", me lleva al siguiente día…
Primero de todo, nuevamente en el tren, empezamos visitando Tenshi No Sato, vamos a la sede central de una empresa centrada única y exclusivamente en hacer muñecas de alto nivel. Y no sólo a hacerlas, sino que permiten que diseñes tu mismo tus composiciones, además de organizar eventos con ellas, tener un jardín para que te saques fotos, y lógicamente, venderte todo tipo de complementos para montarte tu propia casa de muñecas. Y no hablo de muñequitas, sino de piezas de cierto tamaño y peso, perfectamente articuladas a semejanza de los humanos… las SuperDolphies. Ahora, Jasone no me necesita para hacerla el recado como me tocó en 2006, sino que puede hacerlo ella misma, y a arrastrado a Yuka para hacer ¡¡un pedido personalizado!!
Superado lo puntilloso del pedido (vamos, les faltó diseñar las huellas digitales que tendrán las muñecas), y visitadas las instalaciones (incluida una foto furtiva a la intercepta en pleno apogeo, y en contra de las normas del lugar), nos volvemos a Kyoto, donde hemos quedado con Tomoko para comer.
El plan de la tarde también es "pintoresco", pues hemos previsto visitar una tienda tradicional de Kimonos, en la idea (que de un golpe en forma de presupuesto se le quitará de la cabeza) de que Jasone se quiere comprar uno. Hay que ver la mañana que tiene esta gente para recomendar telas, o construir un boceto con cuatro alfileres de cómo quedaría el traje final. En esto Tomoko es la experta, nativa del lugar, y yo sólo observo divertido como todas están ajetreadas buscando imposibles.
Comprarse un Kimono es una cosa muy seria. Es verdad que hay otras prendas más casuales y de precios más al alcance de cualquiera, pero este no es el caso. La costumbre es regalarlo al cumplir la mayoría de edad, con la aportación de parte de la familia (abuelos, tías, etc). Y guardarlo para siempre, en recuerdo de esa juventud. Hay demanda en el mercado de segunda mano, pero el género es escaso. Incluso existe un código en lo relativo a colores, estampados y demás, por el que se puede llegar a saber, si la chica que lo lleva busca o tiene novio… En el caso de los hombres, ni se gastan tanta pasta (entre dos a seis mil euros los de las chicas), ni les quedan tan bien…
En fin, que tras la sesión, volvemos a ser invitados a cenar "en casa". Invitación que lógicamente no desaprovechamos, aumentando otra vez el número de mujeres a mí alrededor. Y es que resulta que el padre de Tomoko está resfriado, y por respeto a los invitados, cena a parte. Así que ya podéis imaginaros, por segunda noche, el castellano se mezcla con algo de inglés y cierto grado de japonés, en una cena deliciosa.
La noche termina de forma singular, cuando yo me vuelvo al hotel ¡¡sólo!! Yuka ha convencido a Jasone para que se quede con ellas de charla nocturna. En fin, supongo que ahora sí, los hombres somos mayoría en mi grupo…
Primero de todo, nuevamente en el tren, empezamos visitando Tenshi No Sato, vamos a la sede central de una empresa centrada única y exclusivamente en hacer muñecas de alto nivel. Y no sólo a hacerlas, sino que permiten que diseñes tu mismo tus composiciones, además de organizar eventos con ellas, tener un jardín para que te saques fotos, y lógicamente, venderte todo tipo de complementos para montarte tu propia casa de muñecas. Y no hablo de muñequitas, sino de piezas de cierto tamaño y peso, perfectamente articuladas a semejanza de los humanos… las SuperDolphies. Ahora, Jasone no me necesita para hacerla el recado como me tocó en 2006, sino que puede hacerlo ella misma, y a arrastrado a Yuka para hacer ¡¡un pedido personalizado!!
Superado lo puntilloso del pedido (vamos, les faltó diseñar las huellas digitales que tendrán las muñecas), y visitadas las instalaciones (incluida una foto furtiva a la intercepta en pleno apogeo, y en contra de las normas del lugar), nos volvemos a Kyoto, donde hemos quedado con Tomoko para comer.
El plan de la tarde también es "pintoresco", pues hemos previsto visitar una tienda tradicional de Kimonos, en la idea (que de un golpe en forma de presupuesto se le quitará de la cabeza) de que Jasone se quiere comprar uno. Hay que ver la mañana que tiene esta gente para recomendar telas, o construir un boceto con cuatro alfileres de cómo quedaría el traje final. En esto Tomoko es la experta, nativa del lugar, y yo sólo observo divertido como todas están ajetreadas buscando imposibles.
Comprarse un Kimono es una cosa muy seria. Es verdad que hay otras prendas más casuales y de precios más al alcance de cualquiera, pero este no es el caso. La costumbre es regalarlo al cumplir la mayoría de edad, con la aportación de parte de la familia (abuelos, tías, etc). Y guardarlo para siempre, en recuerdo de esa juventud. Hay demanda en el mercado de segunda mano, pero el género es escaso. Incluso existe un código en lo relativo a colores, estampados y demás, por el que se puede llegar a saber, si la chica que lo lleva busca o tiene novio… En el caso de los hombres, ni se gastan tanta pasta (entre dos a seis mil euros los de las chicas), ni les quedan tan bien…
En fin, que tras la sesión, volvemos a ser invitados a cenar "en casa". Invitación que lógicamente no desaprovechamos, aumentando otra vez el número de mujeres a mí alrededor. Y es que resulta que el padre de Tomoko está resfriado, y por respeto a los invitados, cena a parte. Así que ya podéis imaginaros, por segunda noche, el castellano se mezcla con algo de inglés y cierto grado de japonés, en una cena deliciosa.
La noche termina de forma singular, cuando yo me vuelvo al hotel ¡¡sólo!! Yuka ha convencido a Jasone para que se quede con ellas de charla nocturna. En fin, supongo que ahora sí, los hombres somos mayoría en mi grupo…
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miércoles, 24 de marzo de 2010
31/03/2007 – Conociendo a la familia
Amanece en Kyoto y he dormido del tirón un montón de horas. Después del infierno del doble día de ayer, estoy fresco y dispuesto para lo que sea. Para empezar bien la mañana, Jasone y yo nos metemos un desayuno de campeonato (viva el buffet libre del hotel), mientras me comenta que ella ha pululado insomne por los alrededores durante la noche (pobrecilla).
Hoy hemos quedado con Yuka en Ôtsu, una ciudad colindante por el noreste, importante en su momento, por ser el paso estratégico de un importante rio, en el camino hacia Tokio. Allí viven sus padres, y allí ha pasado la noche. Pero antes de vérnoslas con los trenes, nos damos un paseo por el templo que hay junto al hotel, y sacamos nuestras primeras fotos a los cerezos que están floreciendo. Digo yo que algún día terminaran la obra en el templo y podre ver el pabellón principal, mientras tanto, la fuente-dragon y la entrada se llevan una buena ronda de fotos.
Tras combinar un par de trenes locales, llegamos a la estación en la que hemos quedado con Yuka y su padre, pero no hemos calculado bien el tiempo, y pese a ser trenes lentos, llegamos con bastante antelación, así que nos damos una vuelta por los alrededores. La primera impresión de esta zona, es que es un pueblito sin interés, con algunas tiendas viejas (pocas) síntoma de que la actividad principal está en Kyoto. Pero entre calles, Jasone ha descubierto un tesoro. Una tienda sacada de los 80’s con todo tipo de coleccionables de manga y anime… Tremendo. Si la abuela que regenta el local conociese ebay se forraría.
Reunidos con Yuka y su padre, nos invitan a comer en un “bareto” de la zona. La verdad es que me recordó mucho a las tabernas de pueblo, con una barra larga a un lado, y mesas al otro. Con la diferencia de que en vez de sillas, las mesas estaban en un alto, y te nos sentamos en el falso suelo. La siguiente parada es reunirnos con la madre y el hermano. Un paseo, unas fotos, y visita al puente que simboliza esa primigenia conexión entre ambas orillas (a día de hoy, hay más puentes, y lógicamente ningún señor feudal se cobra el peaje).
Despedidos de la familia de Yuka, nos da tiempo a visitar un par de tiendas (es el precio que me toca pagar por viajar con mujeres), y recorrer parte de la orilla del gran lago que domina la zona. Superadas las tiendas de calzado, y los ropajes para los perritos, en el lago nos encontramos con una parejita de instituto (con sus uniformes… jajaja), y un barco-casino del Mississippi…
La tarde se va acabando, pero aún tenemos una sorpresa “a la japonesa”. Yuka se vuelve con nosotros a Kyoto, porque dormirá en casa de una amiga que además nos ha invitado a cenar a todos. Ciertamente, el día de hoy no se está pareciendo a ningún otro de 2006. Ni grandes grupos, ni visitas netamente turísticas, ni españoles por doquier, comiendo en sitios “normales” y cenando “en casa”. Ya sabía yo que iba a ser un acierto apuntarme a este viaje. Domô arigatô.
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martes, 23 de marzo de 2010
29/03/2007 – El eterno día
Apenas ha pasado medio año y ya estoy en el avión recorriendo a la inversa la ruta que me trajo de vuelta a casa. Si en mi primer viaje pasé por Madrid para reunirme con la gente, y llegamos a Japón por Narita, hoy sólo vamos tres: Yuka, Jasone y yo mismo. El viaje es más directo y corto que el primero (no ir a Madrid nos ahorra tiempo y reduce una escala), pero llegaremos a Japón a primera hora de la mañana (la vez anterior llegamos por la tarde) por lo que el día no terminará “tan rápido”. Para mí (que no duermo en el avión) el 29 se fusiona con el 30, y el resultado es desastroso. Todo el jetlag que no sufrí en 2006 me pasa factura (concentrado y aumentado) en este vuelo… Que desastre.
Pero volvamos al vuelo. Visitar Japón con un nativo suena guay, pero ir con la profesora puede producir efectos no deseados, como aprovechar las horas de viaje para seguir estudiando, o repasando, o lo que toque. Y en eso estuvimos el rato de conexión en Charles de Gaulle… Recuerdo perfectamente que nos tocó memorizar (o al menos intentarlo) la forma –TE de los verbos… Aún ando en ello tres años después…
Lo mejor será aterrizar y “aprovechar” el día. Menudas caras en el tren que une el aeropuerto con Osaka. Estábamos cansados, pero con todo el día por delante no teníamos excusa para no intentar aprovecharlo. Habíamos previsto dormir en Kyoto, pero quisimos hacer unas compras en Osaka, aprovechando que teníamos que hacer allí el transbordo. Claro, además de ir cansados, nos movíamos con las maletas, así que la odisea se complicaba por momentos, al no encontrar taquillas suficientemente grandes… Tengo que aclarar que en Japón, todas las estaciones de ciudad aprovechan sus huecos con baterías de ellas. Su uso se paga por horas, y tienen mucha demanda entre la gente que está de paso. Ahora mismo, sólo recuerdo la estación de Akamizu, de mi viaje de 2008, allá, perdida en lo profundo de Japón, que no tuviera taquillas.
Por fin, colocadas las maletas, nos damos una vuelta por el Yodobashi-Umeda, justo en frente de la estación en la que estamos. Dicen, que de toda la cadena, esté en particular es el que tiene la mayor oferta y especialización en cámaras de fotos y video. Y dio la casualidad de que al menos dos cámaras en que me fijé, luego no estaban en Akihabara… A saber, pero ahí queda. Yo por mi parte, me fijé sobre todo en los diccionarios electrónicos, mientras que Jasone si que les prestó atención a las cámaras, parecía un perro de caza, tras su réflex (que rompería un año más tarde en NY).
Al final, el cansancio puede con los tres, y nos ponemos en marcha hacia Kyoto poco después de comer, antes de que cargar con las maletas resulte un infierno (al menos, no hacía el calor del verano). La ruta entre la estación, y el hotel parece eterna, pero hay un detalle en las farolas que nos contenta… ha empezado a florecer el Sakura, y han ido colocando ramitas en flor en ellas. La ciudad estará una semana de fiesta, ¡¡y nosotros hemos llegado a tiempo para verlo!!
Pero volvamos al vuelo. Visitar Japón con un nativo suena guay, pero ir con la profesora puede producir efectos no deseados, como aprovechar las horas de viaje para seguir estudiando, o repasando, o lo que toque. Y en eso estuvimos el rato de conexión en Charles de Gaulle… Recuerdo perfectamente que nos tocó memorizar (o al menos intentarlo) la forma –TE de los verbos… Aún ando en ello tres años después…
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Por fin, colocadas las maletas, nos damos una vuelta por el Yodobashi-Umeda, justo en frente de la estación en la que estamos. Dicen, que de toda la cadena, esté en particular es el que tiene la mayor oferta y especialización en cámaras de fotos y video. Y dio la casualidad de que al menos dos cámaras en que me fijé, luego no estaban en Akihabara… A saber, pero ahí queda. Yo por mi parte, me fijé sobre todo en los diccionarios electrónicos, mientras que Jasone si que les prestó atención a las cámaras, parecía un perro de caza, tras su réflex (que rompería un año más tarde en NY).
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viernes, 28 de noviembre de 2008
Ruta de mi segundo viaje
Cuando llegué a España de vuelta del primer viaje, tenía claro que volvería a Japón (salvo circunstancias de fuerza mayor), pero no creí que lo haría en tan breve plazo. Tras ver Japón tras el objetivo de mi camara, como un turista más, aún me quedaba mucho por descubrir y no podía desaprovechar la oportunidad que supuso para mi que Yuka (mi profesora de japonés) volviese a su casa a visitar a la familia. Jasone (mi compi de estudios) iba a ir con ella, así que yo no me quedé atrás. Ahora iba a conocer Japón desde los ojos de sus habitantes.
La ruta que seguí en 2007:
29/03/07 - Vuelo: BIO-CDG-KIX
30/03/07 - Llegada a medio día. Osaka
31/03/07 - Kyoto y Ôtsu (familia Yuka)
01/04/07 - SuperDolphies y Kyoto (amigos Yuka)
02/04/07 - Kobe. Kyoto nocturno
03/04/07 - Ida a Tokyo. Odaiba y Karaoke (Chibitour)
04/04/07 - Libre
05/04/07 - Hakone-Fuji (Chibitour)
06/04/07 - Templos de Kyoto (Chibitour)
07/04/07 - Templos de Kyoto (Chibitour)
08/04/07 - Harajuku y Shibuya (amigos Kepa)
09/04/07 - Jardines de Tokio
10/04/07 - Akihabara
11/04/07 - Odaiba (amigos Yuka)
12/04/07 - Libre
13/04/07 - Vuelo: NRT-CDG-BIO
スぺイン - supein - España
飛行機 - hikooki - avión
電車 - densha - tren eléctrico
新幹線 - shinkansen - tren de alta velocidad
La ruta que seguí en 2007:
29/03/07 - Vuelo: BIO-CDG-KIX
30/03/07 - Llegada a medio día. Osaka
31/03/07 - Kyoto y Ôtsu (familia Yuka)
01/04/07 - SuperDolphies y Kyoto (amigos Yuka)
02/04/07 - Kobe. Kyoto nocturno
03/04/07 - Ida a Tokyo. Odaiba y Karaoke (Chibitour)
04/04/07 - Libre
05/04/07 - Hakone-Fuji (Chibitour)
06/04/07 - Templos de Kyoto (Chibitour)
07/04/07 - Templos de Kyoto (Chibitour)
08/04/07 - Harajuku y Shibuya (amigos Kepa)
09/04/07 - Jardines de Tokio
10/04/07 - Akihabara
11/04/07 - Odaiba (amigos Yuka)
12/04/07 - Libre
13/04/07 - Vuelo: NRT-CDG-BIO
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